Societat occidental i demència senil.
En el transcurso de los últimos treinta años, la demografía le jugó una mala pasada a la autoproclamada raza superior. La segunda mitad del siglo XX presenció un salto demográfico sin precedentes, acompañado de avances en la ciencia médica. La generación que surgió en los treinta años de la posguerra (mi generación) disfrutó de la mejor alimentación de todos los tiempos, era culta, refinada, razonablemente feliz, o al menos esperanzada, y creía que la paz, e incluso el socialismo, eran posibles. Pero a principios de siglo, la curva demográfica se invirtió, y el triunfo de la ciencia médica permitió que un vasto ejército de ancianos irrumpiera en la escena histórica: arrogantes, petulantes, agresivos e incapaces de comprender las implicaciones de su propio agotamiento, pues habían crecido en un mundo cultural donde la vejez y la muerte eran temas tabú y prohibidos.
Ni la ideología publicitaria de la clase dominante ni el pensamiento crítico de inspiración marxista han intentado comprender este cambio de perspectiva, esta decadencia del cuerpo colectivo. Nadie ha podido curar ni prevenir la tristeza de la mente colectiva, no solo la de los ancianos, sino aún más marcadamente la de las nuevas generaciones, deprimidas por el peso de un futuro cada vez más senil. Al no haber reflexionado sobre la vejez y la muerte, ahora nos encontramos impotentes ante la rampante demencia senil.
Franco 'Bifo' Berardi, La sublime idiotez del suprematismo moribundo, ctxt 30/04/2026
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