Arguments contra l'existència del temps.



John McTaggart

Hoy quiero hablar del famoso ensayo del filósofo británico, y miembro de los míticos apóstoles de CambridgeJohn McTaggart, The Unreality of Time de 1908. En él, se nos ofrece un argumento a favor de la inexistencia del tiempo (Ahora después lo veremos) pero, y más interesante, se nos ofrece una clasificación que sirve muy bien para ordenar las distintas perspectivas que se han dado en torno a su explicación. Vamos a verlas.

Según McTaggart hay dos formas fundamentales de ordenar los sucesos temporales:

Serie A: es la propia del tiempo dinámico, que fluye y que hemos dividido en pasado, presente y futuro. En función de qué tipo de entidad ontológica demos a cada uno de estos tres momentos, tendremos posturas filosóficas diferentes. Quizá lo más intuitivo es pensar que lo único que realmente existe (o que existe con más prevalencia) es el presente, ya que, verdaderamente, es lo único que captamos. A esta postura se la denomina presentismo y, desde San Agustín, ha sido defendida por multitud de pensadores: Arthur Prior, Dean Zimmerman, Ned Markosian o Craig Bourne. Una variante sería la del crecimiento en bloque (growing block), que vendría a dar entidad ontológica también al pasado, pero no al futuro: el pasado va creciendo cada vez más a partir de un presente que avanza en un futuro inexistente. Esta postura la inauguró Charlie Dunbar Broad y en la actualidad, quizá su máximo exponente sea Michael Tooley. Suena interesante porque parece intuitivo que el pasado, aunque dejara de existir, existe al menos de una forma diferente al futuro. El pasado quedó como historia (existencia fosilizada) y el futuro queda como posibilidad (todavía no existencia).

Otra versión es el eternalismo dinámico: todos los momentos del tiempo (presente, pasado y futuro) existen plenamente, pero hay un sentido real en el que el presente avanza o fluye entre ellos. Por entenderlo con una metáfora: sería como si todos los sucesos ya hubiesen ocurrido y estuviesen dibujados en un mapa, pero el presente se mueve a través de ese mapa avanzando de unos eventos a otros.  Creo que no hay ningún autor contemporáneo que lo defienda (o yo no lo conozco). Quizá el que ha dicho algo más parecido sea el filósofo del MIT, Brad Skow, quien habla de un «bloque cuatridimensional» en el que se expanden todas las dimensiones de la física, en el que el devenir (el paso del tiempo) no es algo que realmente se mueva, sino una propiedad estructural del mismo bloque. De alguna forma, Skow quiere salvar la intuición de que el tiempo pasa, pero preservando cierto eternalismo al que parece que nos lleva la física contemporánea.

Serie B: sencillamente es ordenar los sucesos según las categorías «antes de» y «después de».  El tiempo es estáticoy no hay un fluir en ninguna dirección, no es una sustancia, sino una estructura de relaciones de orden. Por ejemplo, podemos decir que «La Revolución francesa ocurrió antes que la caída del muro de Berlín». Esta afirmación es verdadera, objetiva, y no hace referencia a ningún transcurrir temporal ni a ninguna idea de presente. De hecho, el orden de sucesión es propiamente atemporal: la revolución francesa siempre habrá ocurrido antes que la caída del muro de Berlín. Además, en este enfoque no hay ninguna prioridad ontológica de ningún momento temporal: presente, pasado y futuro existirían por igual. Entonces, encajaría perfectamente con el eternalismo pero, no dinámico: todo el bloque cuatridimensional de la física estaría ahí ad aeternam, solo que los sucesos estarían ordenados, colocados unos antes que otros, como los libros en el anaquel de una biblioteca ¿Y qué ocurre con nuestra sensación de presente, de paso del tiempo? En general, los defensores de este enfoque la tachan de ilusión psicológica. Podríamos, por ejemplo, desde una perspectiva kantiana, entender que nuestra creencia en el fluir del tiempo sería una condición a priori de la sensibilidad(algo que nosotros imponemos a la realidad para conocerla), mientras que el tiempo eterno y estático sería la cosa-en-sí, el noúmeno, la realidad tal como es sin ser percibida ni conocida por ningún sujeto. Defensores de esta teoría serían, por ejemplo, el filósofo británico Hugh Mellor o el famoso materialista australiano J.J. Smart (de quien yo, hasta ahora, no tenía ni idea de que se había dedicado a la filosofía del tiempo).

Y por si alguien está interesado por el argumento de McTaggart, vamos a explicar su hilo argumentativo. Basándose en la distinción de series temporales A y B, McTaggart va a exponer las siguientes tesis:

(1) Sin serie A no hay tiempo. Para McTaggart el cambio es esencial en el paso del tiempo, y la serie B solo explica orden (ir antes de), pero no puede explicar que algo cambie a otra cosa diferente. Por tanto, la serie B es insuficiente para explicar el tiempo ya que no explica el cambio.

(2) Pero la serie A es contradictoria. Todo suceso tiene que ser en algún momento de la historia presente, pasado y futuro. Estas propiedades son incompatibles entre sí: o eres presente o pasado o futuro, pero no puedes ser todos los tiempos a la vez. Claro, un suceso no es los tres tiempos a la vez, sino que en cada momento de su historia es tan solo un momento temporal: primero fue futuro, luego presente y después pasado. Pero, y aquí hay que hilar un poco fino para entenderlo, para hacer esta distinción, para explicar la primera serie A, hemos tenido que introducir una estructura temporal nueva (una nueva serie A).  Un ejemplo:

Yo digo: La Revolución francesa fue un suceso del pasado.

McTaggart responde: ¿Pero no era también presente y futuro? Un suceso no puede ser todos los tiempos a la vez ¡Contradicción!

Yo: No. La Revolución francesa fue futuro, fue presente y ahora es pasado, en tres momentos diferentes.

McTaggart: ¡Te pillé! Para explicar que la Revolución francesa fue un suceso del pasado necesitas utilizar nuevas expresiones como «fue» y «ahora», es decir, necesitas otra sucesión temporal (otra serie A) para explicar tu primera serie A. Y, de nuevo, si quisieras explicar esa nueva serie A, necesitarías otra, y así sucesivamente ad infinitum. Entonces caemos en una especie de circularidad que no explica nada, en una especie de perpetua petición de principio, un eterno círculo vicioso. Explicamos el tiempo con más tiempo.

(3) Para explicar el tiempo hace falta la serie A y la serie A nos lleva a una autocontradicción. Ergo, el tiempo no existe.

Punto más interesante del argumento: verdaderamente, como no tenemos ni pajolera idea de que es el tiempo, sí que da la impresión de que cada vez que intentamos explicarlo caemos en cierta circularidad.

Puntos débiles: se le han hecho muchas objeciones. Como hemos visto, algunos subrayan que la serie B es suficiente para explicar el tiempo mientras que la A es solo una ilusión. Otros, por ejemplo, Broad, subrayan que el círculo vicioso es inofensivo, que es una ordenación más como los números naturales y que, por tanto, puede aceptarse sin problemas. Quizá la crítica más sofisticada fue la de Prior quien, desde la lógica, argumentó que McTaggart confunde propiedades con operadores lógicos: la Revolución francesa no tiene la propiedad de ser pasado, presente o futuro, sino que solo se dice «Fue el caso de la Revolución francesa». «Fue el caso» es un operador lógico, no una propiedad de la revolución francesa, por lo que no se genera ningún tipo de contradicción ya que ningún suceso posee las propiedades presente, pasado y futuro simultáneamente. Dicho en cristiano: cuando situamos un suceso en el tiempo no estamos hablando de propiedades objetivas del suceso, sino de nuestro punto de vista. Es como decir «El vaso está a la derecha». «Estar a la derecha» no puede ser una propiedad del vaso, sino que, en cualquier caso, será una propiedad del observador que vea el vaso a su derecha.

Santiago Sánchez-Migallón Jiménez, La inexistencia del tiempo según Mc Taggart, La màquina de von Neumann 13/04/2026


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