Sort moral.
La suerte moral es el fenómeno por el que el juicio moral de una acción y la asignación de culpa o mérito depende de factores fuera del control del agente. Así, dos personas con intenciones y actos muy similares podría ser juzgadas de forma moralmente diferente si hubiese circunstancias relevantes ajenas a su voluntad. El fenómeno de la suerte moral lleva a repensar el principio de que uno solo es responsable moralmente de lo que está bajo su control en el ámbito de la acción.
Bernard Williams invoca otros dos ejemplos: el primero es la decisión de Paul Gauguin, un agente de bolsa con aficiones a la pintura que decide abandonar a su familia para dedicarse completamente a la pintura y escapar a paraísos imaginarios de la Bretaña, la Martinica y Tahití, en una alucinada vida de alcohol y pintura compulsiva. No tuvo éxito económico, pero Gauguin pasa como ejemplo de una vida dedicada al arte y, tal como Bourdieu describe las reglas del arte, sería un arquetipo de persona que constituye el campo del arte. El momento de la decisión de Gauguin es igualmente difícil de valorar: ¿cómo estar seguro de que su vocación estaba fundada en un talento real para la pintura?, ¿qué hubiera ocurrido si al cabo de los años su obra deviniese en una secuencia de cuadros desmañados sin originalidad ni nada que aportar? En algún sentido, el éxito que con el tiempo tendría su obra parece justificar una decisión tan radical como la que tomó. No sabemos si su mujer e hijos compartirían este juicio que ha hecho la historia. Williams trae a nuestra reflexión sobre un sentido contrario de evaluación el caso literario de Anna Karenina, que termina bajo las ruedas de un tren como resultado de un sentido de fracaso en la vida. Igualmente podría haber acudido al personaje de Madame de Bovary, cuyo autor, Flaubert, fascinaba tanto a Sartre como ejemplo de literatura contraria a sus ideales, que dedicó sus últimos años a sumergirse en su biografía quizás preguntándose sobre si su vida como escritor no fue acaso el resultado de una suerte moral inicial por su situación en su familia.
Hay vidas dañadas por el destino en las que no cuentan las buenas o malas intenciones sino la mala suerte en malas situaciones. Los griegos, nos cuenta Willliams, entendían esas circunstancias mejor que los modernos y, como el Coro de Edipo Rey, lamentaban el aciago hado del rey que mató a su padre, durmió con su madre y provocó una epidemia a su pueblo, pero no rechazaban que se castigase a sí mismo. No hay consuelo en la mala suerte. Así nos lo hace saber Williams con un nuevo caso imaginario: el conductor de un camión que, sin ninguna culpa, atropella a un niño. Su vida queda marcada por ese suceso. El espectador puede horrorizarse por lo ocurrido y tal vez quisiera consolar al conductor diciéndole que no tuvo culpa, que los accidentes son accidentes, pero el vacío y la pesadumbre que le acompañará toda su vida no son tocados por estas palabras. Williams llama pesadumbre del agente (agent-regret) a ese sentimiento que le inunda y del que no puede desprenderse.
Es un sentimiento distinto al pesar o al horror que sentimos como espectadores de alguno de los desastres que continuamente nos ofrecen las noticias. Lo lleva el agente consigo y lo lleva precisamente porque es agente, porque una de las dimensiones de la agencia es sentirse concernida por lo que está más allá de la voluntad y del control. Es también un sentimiento distinto de la culpa. No hay culpa en estos casos. El tumbo que había tomado la acción, la vida incluso, del agente estaba justificada a sus ojos, pero las consecuencias dependen de la trama de las cosas.
¡Es el riesgo, estúpido! La conciencia del riesgo es lo que nos convierte de actuantes en agentes, de seres reactivos en seres reflexivos. Para ello hay que sentirse concernidos y quizás apesadumbrados por habernos encontrado con el destino cuando creíamos tener claro un proyecto de vida.
Sin la relevancia de la conciencia del riesgo no tendríamos las nuevas maneras de tratar la moral y la epistemología que han llevado a las concepciones más politizadas de la responsabilidad tanto en ética, como en epistemología y, en cierto modo, también en estética.
Fernando Broncano, Suerte moral, suerte epistémica y la revolución en teoría moral y epistemología, El laberinto de la identidad 18/03/2026
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