Filosofia, Palantir i el poder de fer mal.


Imatge trobada amb la cerca visual

No todo el mundo sabe quién es Alexander Karp. Tampoco si añadimos que es director ejecutivo de Palantir: la empresa tecnológica estadounidense que tiene casi 400.000 millones de dólares de capitalización. Dedicada al software militar y financiero, está tras las últimas acciones militares norteamericanas en Venezuela e Irán. Doctor en Derecho por Stanford y en Teoría Social por la Universidad Goethe de Frankfurt, elaboró su segunda tesis con Habermas

En ella abordó la idea de que si la agresividad es natural en el ser humano, puede guiar positivamente la conducta humana si es incentivada dentro de determinados valores superiores. Una reflexión que debería inspirar la política en contextos donde el riesgo de desaparición es estructural. Especialmente cuando se repiten patrones monótonos que el enemigo conoce de antemano. Por eso, para sobrevivir hay que desarrollar conductas agresivas basadas en una improvisación tan radical que permita adaptarse al contexto constantemente.¿Qué llevó a un filósofo norteamericano de origen judío y formado en Alemania a dirigir la empresa de inteligencia artificial (IA) más poderosa de Estados Unidos? Esta pregunta, que formulaba The New York Times hace dos años, la respondió el propio Karp poco después en una entrevista. En ella explicó que quiso dedicarse al análisis de datos en el 2003, cuando acababa de regresar de Europa y hacer su tesis con Habermas. Una mañana, quizá mientras observaba el skyline neoyorquino con una humeante taza de café entre las manos, experimentó uno de esos clics que nos dan a entender cosas que hasta entonces no habíamos visto. 

Él comprendió que el 11-S podía haberse evitado con la información que se tenía antes de los atentados si quienes dirigían la seguridad nacional hubieran interpretado correctamente los datos que tenían. No lo hicieron porque pensaban guiados por patrones que los condujeron a la monotonía. Pasaron por alto cosas que una IA hubiera tenido en cuenta y hubiera apreciado gracias a algoritmos predispuestos a operar con la agresividad que Karp había estudiado en su tesis.

Obsesionado desde que tuvo esta intuición por sacar a Occidente de la decadencia a la que le condujo un liderazgo norteamericano debilitado por las enseñanzas aprendidas por su élite en las universidades progresistas del país, Karp ha diseñado un método que quiere remediarla. Primero, desaprendiendo las ideas liberales que han llevado a la decadencia. Y, segundo, sustituyendo el ecosistema intelectual norteamericano por sistemas de IA que ayuden a desarrollar la agresividad desacomplejada que Estados Unidos necesita si quiere ganar la guerra que China le da silenciosamente todos los días. Algo que pasa por convertir a Estados Unidos en una república tecnológica que dirija un gobierno que no dude sobre el destino manifiesto del país y que base sus decisiones en sistemas­ de IA guiados por la seguridad nacional como valor superior de la democracia norteamericana si está amenazada, tal y como sostiene en La república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente, que publicó cuando Trump ganó las elecciones.

Palantir fue fundada en el 2004 por Karp y Peter Thiel, también filósofo y gran financiador de la Ilustración oscura y de la Internacional reaccionaria que desestabiliza las democracias liberales. Fue bautizada con el nombre que Tolkien dio en El señor de los anillos a las piedras que ven lo que se esconde a la torpeza de la mirada humana. Una declaración de principios simbólica sobre el propósito de los servicios de IA que vende Palantir y que ha llevado a que den soporte a la práctica totalidad de los análisis de información requeridos por el Departamento de Guerra de Estados Unidos, la CIA o el ICE, que gestiona la política inmigratoria. 

De toda la cartera de plataformas de la compañía, la más sofisticada y solicitada es Maven Smart System. Permite que un gemelo digital anticipe virtualmente el desarrollo de una operación antiterrorista, una batalla, o la zona bélica de una guerra a pequeña o gran escala. Sus capacidades vienen siendo testadas en Ucrania desde el 2022 o en Oriente Próximo desde el 2024, donde el Ministerio de Defensa israelí es otro de sus principales clientes. 

El éxito de la operación que capturó a Maduro en un puñado de ­minutos y derribó la dictadura venezolana demostró su aparente infalibilidad. Un golpe de agresividad disruptiva que desbarató la monotonía previsible de un régimen tan corrupto como represivo bajo el liderazgo de un mesías tropical.

Han transcurrido ya dos semanas desde que la dictadura de los ayatolás fue descabezada, aunque hoy esta parece seguir en pie. La complejidad sistémica de Irán opera a otra escala y con otra profundidad que en Venezuela. Es un imperio donde nació el ajedrez y se rige bajo la tiranía de un islam muy distinto al de sus vecinos de las monarquías del Golfo. Entre otras cosas porque se basa en los misteriosos secretos teológicos de una culpa colectiva que invoca el sacrificio agónico como redención y, sobre todo, un mesianismo secreto que espera un profeta reencarnado desde hace siglos. Un país donde el poder despótico se ejerce pesando almas y administrando la venganza. Algo imprevisible, que no se basa en el pasado, sino en un retorcido sentido de la trascendencia que mira buscando un futuro mesiánico. Una información demasiado sutil que solo puede intuir la mente humana. Tan sutil que a lo mejor ha llevado a la IA de Palantir a asistir a quienes han ordenado la guerra con una alucinación artificial. Que es la manera que la máquina tiene de reconocer su impotencia ante la condición humana. 

Quizá por eso Karp cita tanto a Schelling para explicar que siempre se acierta siendo agresivo, pues: “El poder de lastimar es poder de negociación. Explotarlo es diplomacia; diplomacia cruel, pero diplomacia”.

José María Lassalle, Trump-Irán: ¿la alucinación de una IA?, La Vanguardia 14/03/2026

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