Simone Weil i l'ètica anarquista
Lo que sí es cierto, según demuestra Xavier Artigas en Vivir la fuerza. Simone Weil y la Columna Durruti, es la admiración de Simone Weil por Buenaventura Durruti e incluso su cercanía con él y su compañera Émilienne Morin. Weil escuchó el «bando de Durruti» el 16 de agosto en Pina y, en el cuartel general de Durruti, en Bujaraloz, debió de asistir a un consejo de operaciones de guerra. La proclamación del comunismo libertario identificaba, como cita Artigas, «la lucha armada de las milicias antifascistas» con «la salvaguardia de los intereses y la vida del pueblo trabajador». Del discurso de Durruti, Weil tomó nota en el Diario solo de esto: «Soy un trabajador. Cuando todo haya terminado, iré a trabajar a la fábrica». Sin duda, estas palabras expresaban a sus ojos el ideal que ella misma había sostenido en sus primeros escritos: que la revolución no era sino un trabajo que formaba parte de la lucha de clases y que esta lucha suponía el único uso legítimo de la fuerza. Pero la guerra de España fue la tumba de la revolución. No porque la revolución fuera derrotada por el fascismo, sino porque fue derrotada por la guerra. Artigas es consciente de estas implicaciones. Pero adhiere a «la ética anarquista que encarnaba Durruti y en la cual Weil había empezado a creer con firmeza». «Un compromiso radical (e incómodo)», como reconoce el propio autor. Pues «aquella apuesta [Weil] solo la podía legitimar mediante la defensa de la pureza tanto de los principios como de los medios de lucha», demostrándose «en todo momento que “los suyos” no adoptaban prácticas propias del enemigo». Pero ¿se explica la Carta a Bernanos solo por la decepción de «expectativas tan altas»?
Alejandro del Río Herrmann, El momento Simone Weil. Por una lectura crítica, Revista de Libros 20/03/2026, Número 14, 2026 (Vol 1)
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