Quin és el llegat d'Esparta?




En un texto memorable, el Discurso fúnebre, Pericles explicó el audaz experimento de Atenas, su frágil democracia, como antítesis de la monolítica Esparta. Describió el amor de sus ciudadanos por la reflexión y el debate, también su entusiasmo por las fiestas y el descanso “que aleja las penas”. Rebatió a quienes atribuían debilidad a los atenienses: “Nosotros amamos la belleza sin desenfreno, y cultivamos el saber sin ablandarnos”. En su opinión, exige incluso más valentía amar el placer y no por eso retroceder ante el peligro. Frente a la rutina reglamentada de los esparciatas, Pericles se enorgullecía porque “en el trato cotidiano, no nos enfadamos con el prójimo si vive a su gusto ni ponemos mala cara, lo que no es un castigo, pero resulta penoso”. Es tal vez la más antigua expresión del deseo de ser quienes somos sin que nadie nos mire con desprecio. Quizá por eso Atenas se llenó de amantes de la filosofía y la física, de artistas, poetas y demás gentes de mal vivir y buen pensar.

Aquella utopía gozosa albergaba terribles contradicciones —la esclavitud, la exclusión de las mujeres, un violento sueño imperialista— que precipitaron su caída. Aun así, en sus ratos libres, entre jaranas y debates tumultuosos, pensaron algunas ideas excéntricas que no han envejecido del todo mal: el valor de la razón y del arte, de la ciencia y el diálogo. Mientras tanto, en Lacedemonia forjaron una sociedad severa, rígida y sin resquicios para la creatividad. La rivalidad entre ambas ciudades desencadenó una guerra de casi tres décadas, en la que finalmente venció Esparta a costa del empobrecimiento de toda Grecia.

Las épocas convulsas degeneran fácilmente en paisajes de trincheras, y, ante la incertidumbre y las amenazas, regresa la sed de certezas y mano dura. De nuevo escuchamos que los países autoritarios son más firmes y capaces, olvidando que la flexibilidad es una gran fortaleza. Las palabras de Pericles suenan ambiciosas aún hoy: preferir el hedonismo al fanatismo, debatir, descansar y dejar en paz al prójimo. El intento de forjar pactos en medio del guirigay de los intereses contrapuestos y las quejas constantes puede parecer ineficaz, imperfecto, tedioso y endeble. Sin embargo, como escribió Tucídides, nadie visitará Esparta porque nada nos legó. Frente al silencio lacónico de sus armas y sus ruinas, todavía nos importan las ocurrencias revolucionarias y chispeantes de aquellos charlatanes atenienses. Ser blandengues tiene sus puntos fuertes.

Irene Vallejo, Blandengues, El País Semanal 17/09/2022

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