Fent servir ulleres violeta.

El mensaje implícito está por todas partes, pero se pasea disfrazado: de vida privada, de anécdotas sin importancia, de naturaleza, de libertad ... y, sobre todo, de cultura. Y ahí se hace fuerte, pues, ¿quiénes se atreve a criticar la cultura?
Hata que nos ponemos las gafas violeta, que a modo de rayor X nos muestran el esqueleto. ¡Tan sencillo...! Se compone de cinco principios básicos, de los que las diversas manifestaciones culturales constituyen ilustraciones infinitas. Vamos a ello.

Primero: los hombres son el todo; las mujeres, una parte. El lenguaje nos lo dice claramente: "hombre" significa a la vez "varón" y " ser humano". Lo de ellos es lo humano, lo general: nos representa a todos (todas incluidas). Lo de ellas es marginal, particular.

Segundo principio, variante del primero: todos los papeles corresponden a los hombres, menos uno, el afectivo-doméstico-materno-sexual, que es cosa de mujeres. (...) La Pitufina, coqueta, melena rubia, le barre la casa al Gran Pitufo.

Tercero: el hombre existe por sí mismo; la mujer en función de otros. Véase este titular de prensa: "Un islamista, su mujer y su hermana mueren en un atentado suicida. (...) Qué importa que estas tres personas acutuaran igual; la prensa seguirá dando por supuesto que él es el protagonista, y ellas, figurantes; que él se define por sus actos, y ellas, por su relación con él.

Cuarto: el hombre es sujeto; la mujer objeto. En pintura, escultura, ella es un cuerpo bello, desnudo, anónimo; también en el cine, con frecuencia, ellos son protagonistas, mientras que ellas important solo en tanto que objeto del (u obstáculo al) deseo masculino. (...)

Quinto: lo masculino es positivo; lo femenino, negativo. Volvamos al lenguaje: del lado masculino, caballeroso, todo un hombre, hombre de pelo en pecho ...; del lado femenino: pendón, fulana, vieja bruja, maruja, arpía ... (...)

Ante esta cultura wur no viene a decir que las mujeres son poca cosa (por tanto, es un abuso que aspiren a ocupar la mitad del espacio), que existen en función del hombre  con fines amorosos (¿qué hacen metiéndose en terrenos que no son cosa suya?), que son objetos (se las puede vender, comprar, alquilar ...), y que si no son sumisas son malvadas (toda desconfianza hacia ellas es poca), ¿qué pueden hacer las leyes? Algo hacen, desde luego, pero no basta. Como dice la socióloga María Antonia García de León, el resultado es "el efecto Penélope": lo que hacen las leyes lo deshace la cultura. Una cultura en cuya base (público, estudiantes) hay tantas mujeres como hombres o un poco más; cuya gestión es más o menos paritaria; pero en cuya cima (dirección, creación, reconocimiento) la proporción es la misma que en la cima de todo lo demás: 15% o menos de mujeres. De modo que ya sería hora de poner la cultura en la agenda de la igualdad, ¿no les parece?

Laura Freixas, El efecto Penélope, El País semanal. Mujeres, 30/11/2014

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