El realisme de Kant i el principi de causalitat.
GRAHAM HARMAN: Aunque a Kant siempre se le llama “idealista trascendental”, no deja de ser algo realista si se toma en serio su noción de la cosa en sí. No solo no existe fuera de la mente, sino que existe tan fuera de la mente que es completamente inconmensurable con ella. (37)
Sin embargo, Kant se siente ciertamente un idealista. ¿Por qué? Creo que se deba a un segundo aspecto importante de su filosofía: el hecho de que la relación pensamiento-mundo es la raíz de todas las demás relaciones. En el mundo de Kant no podemos hablar, por ejemplo, de dos bolas de billar que chocan, sino sólo de la experiencia humana de dos bolas de billar que chocan, que para él siempre está mediada por el tiempo, el espacio y las doce categorías del entendimiento. (37)
Para Kant, la causalidad era una condición conceptual del entendimiento; para Hume era la conjunción constante observada entre dos sucesos (por ejemplo, el suceso “colisión entre dos bolas de billar” y el suceso “cambio en el estado de movimiento de la bola”). Para muchos realistas, la causalidad es la producción objetiva de un suceso por otro suceso; una colisión produce cambios en el estado de movimiento, haya o no un ser humano para comprenderlo u observarlo. (38)
Es cierto que tanto Hume como Kant definen la causa en términos de cómo se observa y no de cómo se produce (...) Hume y Kant suponen en muchos sentidos el comienzo de la filosofía contemporánea, (...) Pero también veo a Hume y Kant como una extensión de la tradición ocasionalista. El ocasionalismo, que en realidad comenzó en el Irak medieval casi un milenio antes de que germinara en la Europa del siglo XVII, es la opinión de que Dios es el único mediador causal: dos cosas no pueden afectarse mutuamente sin pasar por Dios. Es casi imposible encontrar a alguien en el Occidente secularizado que se preste a llegar tan lejos, y sin embargo el ocasionalismo pervive a través de Hume y Kant. ¿Por qué? El verdadero problema con el ocasionalismo no era que Dios fuera el único mediador causal, sino que se otorgara a cualquier entidad un monopolio causal. Y eso es lo que hacen precisamente Hume y Kant, simplemente transferir el monopolio causal de Dios a la mente humana. Y a diferencia de los ocasionalistas religiosos, han logrado persuadir a los intelectuales occidentales modernos. (55-56)
Graham Harman y Manuel DeLanda, El auge del realismo, Segovia, Materia-Oscura 2024

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