"L'inhumà" de Lyotard.
¿Cómo piensa el pensamiento un mundo sin pensamiento? O lo que es aún más apremiante: ¿Cómo piensa el pensamiento la muerte del pensar? (410)
Esta última pregunta se halla en el núcleo mismo de “Si se puede pensar sin cuerpo”, el capítulo inicial de la colección de textos que en 1991 publicara Jean-François Lyotard bajo el título de Lo inhumano. Lyotard nos invita a meditar acerca de la relación de la filosofía con el horizonte terrenal que, en la estela del derrumbe del horizonte metafísico llamado “Dios” (...) ha sido dotado de un estatus cuasi trascendental … (410)
Pero, como señala Lyotard, este horizonte terrenal también acabará por desaparecer cuando dentro de 4.500 millones de años, aproximadamente, el sol se extinga (...) La extinción del sol es una catástrofe (...) porque borra el horizonte terrenal de posibilidad futura en relación con el cual la existencia humana, y, por ende, la indagación filosófica, han venido orientándose hasta el día de hoy. O como lo expresa el propio Lyotard: “todo ya está muerto …”, La muerte del sol es catastrófica porque vicia la temporalidad ontológica en tanto que configurada en términos del carácter constituyente horizontal de la relación con el futuro de la indagación filosófica. Pero lejos de estar aguardándonos en un futuro lejano, al otro lado del horizonte terrestre, la catástrofe solar ha de ser captada como algo que ya ha ocurrido.: como el trauma originario que impulsa la historia de la vida terrestre en su condición de intrincado desvío de la muerte estelar. (...) Esta marca impresa en el pensamiento por su relación con el sol es la huella de la muerte estelar, que precede y sucede, inicia y termina, la vida y la muerte con las que bregan los filósofos. (411)
Lyotard yuxtapone dos perspectivas antitéticas…: una para la que la inseparabilidad entre el pensamiento y su sustrato material requiere que se separe el pensamiento de su arraigo en la vida orgánica en general y del organismo humano en particular; y otra, según la cual es la separación irreductible de los sexos lo que hace que el pensamiento sea inseparable de la encarnación orgánica y, más concretamente, de la encarnación humana.(411)
Primera perspectiva es la más rica: sugiere que la extinción del sol desafía la concepción dominante con respecto a la muerte, más concretamente hace pedazos la concepción existencial de la muerte según quedó codificada en el análisis fenomenológico que realizara Heidegger de “el morir”, al punto de que ya no puede darse por válido que esto último sea lo que distingue a la existencia humana por dotarla de una relación privilegiada con el futuro. (...) los seres humanos ya no pueden ser descritos como un tipo de entes privilegiados por su relación con su propia inexistencia: el sol se muere precisamente en la misma medida en que el ser humano se halla constreñido por la extinción. En este contexto, la extinción no debe entenderse como la liquidación de la especie biológica, sino más bien como aquello que nivela la trascendencia atribuida al ser humano, (...) despojando a este su posición privilegiada como sede de la correlación. Así, el que la extinción del sol sea catastrófica se debe a que desarticula la correlación. (412)
A diferencia de lo que ocurre con el modelo de muerte que, al menos desde tiempos de Hegel, viene ejerciendo como motor de la especulación filosófica, lo que aquí se plantea no constituye un límite interno para el pensamiento sino que proporciona un asiste necesario para que este supere sus propios límites y trate de incorporar lo que se supone que le es externo. El pensamiento es capaz de trascender los límites que se ha puesto a sí mismo. Pero la extinción del sol no es un límite de o para el pensamiento. Lo que hace, de hecho, es anular la relación con la muerte de la que el pensamiento filosófico extraía su sustento. (413)
La única manera de hacer concebible (...) la muerte de la muerte en una muerte como cualquier otra, es separando el futuro del pensamiento del destino del cuerpo humano. (413)
Por consiguiente, el pensamiento debe ser desenganchado de su hábitat orgánico y trasplantado a otro sistema de soporte alternativo con objeto de garantizar su supervivencia tras la destrucción de su cobijo terrestre. (...) Lyotard sugiere que este proceso de desenganche, por el que se proporcionará al software cognitivo un hardware capaz de mantener su operatividad independientemente de cuáles sean las condiciones para la vida en la tierra (...) está en marcha desde el mismo momento en que surgió la vida en nuestro planeta. La idea es, pues, que la historia de la tecnología se solapa con la historia de la vida (...) No existe un ámbito “natural” que subsista en contraposición con el dominio del artificio tecnológico, porque la materia -ya sea orgánica o inorgánica- posee una propensión intrínseca hacia la autoorganización. El término “tecnología” da nombre al conjunto de estrategias evolutivas dirigidas a garantizar que el impulso neguentrópico (el que mantiene la estructura frente a la tendencia natural a la degradación) que ha venido desarrollándose en la tierra desde hace unos cuantos miles de millones de años no será erradicado por el inminente maremoto entrópico de la extinción. (414)

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