Gramsci i el fordisme
El Cuaderno 22, titulado “Americanismo y fordismo” (1934), es uno de los cuadernos que Gramsci redactó reorganizando notas anteriores. Con una perspicacia insólita explica que el fordismo es un intento de crear un nuevo tipo de ser humano y una nueva forma de hegemonía. Sorprende mucho su lectura por la importancia que le da a la “cuestión sexual”, en la que incluye tanto la estructura de la familia como las costumbres sexuales de los obreros y la perspectiva de la emancipación de la mujer. Todo ello relacionado con la estructura económica y la comparación entre Estados Unidos y Europa e Italia: Estados Unidos carecía del lastre histórico europeo de numerosas clases "parasitarias" sin función productiva (rentistas, pequeños propietarios absentistas, burocracia, clero y pensionistas, a quienes llama irónicamente "pensionistas de la historia"). Europa arrastraba siglos de sedimentación social que absorbían una parte enorme del excedente. Estados Unidos, en cambio, tenía una "composición demográfica racional", sin esas capas intermedias, lo que permitía organizar toda la sociedad en torno a la producción.
Aunque últimamente se ha leído a Gramsci desde una perspectiva principalmente culturalista (yo mismo lo hice en Cultura es nombre de derrota (2018)), no es posible olvidar que Gramsci era sobre todo un militante del Partido Comunista Italiano que meditaba sobre la derrota de los levantamientos obreros de Turín y entraba en debates de la Internacional Comunista después de la muerte de Lenin. Como Lenin, como Bujarin, como el propio Stalin, Gramsci admiraba la potencia de las tesis fordistas de unir el productivismo con la formación de un “hombre nuevo”. “La hegemonía nace de la fábrica” sostiene en el cuaderno. Gramsci considera que el fordismo ha sido el mayor esfuerzo colectivo realizado hasta entonces para crear, a una velocidad inédita, un nuevo tipo de trabajador y de ser humano. Gramsci preveía que la Unión Soviética podría realizar de modo más eficiente y orientado al socialismo el ideal de Ford.
El fordismo en los países occidentales es lo que él llamaba una “revolución pasiva”, una transformación profunda del modo de producción y de la vida social, impulsada desde arriba sin ruptura revolucionaria y absorbiendo las demandas de los subalternos. Es desde este concepto desde el que interpreta el fenómeno fascista en cuanto intento de introducir en Italia la racionalización productiva sin tocar a las clases parasitarias, que eran la base social del régimen, pero admira la racionalización y la nueva disciplina del trabajo, que pueden ser un paso histórico hacia formas superiores de organización social. La cuestión decisiva es quién las dirige. Si el nuevo método de trabajo lo impone el capital, será coerción, con una moral hipócrita y una disciplina externa. Si lo asumen los propios trabajadores como forma de autodisciplina colectiva, puede ser la base de un nuevo humanismo y de una nueva civilización. Por eso la lucha es por la hegemonía sobre la modernización, no contra la modernización misma.
Fernando Broncano, El discreto encanto del productivismo, El laberinto de la identidad 23/10/2026

Comentaris