Nous materialismes.

Rosi Braidotti





Los primeros escritos de Donna Haraway (especialmente el Manifiesto Cíborg) y las teorías del actor red de Latour fueron en los años noventa un espacio permanente para mí de conversación y pensamiento. Con los años y la experiencia histórica de nuestro siglo, sin embargo, he ido dejándome llevar por la necesidad de repensar el lugar de la agencia en el cosmos y, con ella, la perspectiva de lo que llamamos “humano” desde una perspectiva y dirección que es abiertamente humanista, por ello distante en algunos puntos de los nuevos materialismos y su posthumanismo. Hay razones de orden moral y político para seguir adelante con aquel programa, superando varias dudas que suscita y quizás empujándolo hacia otro polo del que pretendió distanciarse, el materialismo histórico y el marxismo humanista. Hay también razones de orden ontológico, como es la compatibilidad entre una fenomenología de la experiencia y el monismo anómalo de los nuevos materialismos. Hay, por último, razones que nacen en la filosofía de la cultura material y de los artefactos, en particular sobre cómo median y no simplemente componen la agencia y el sentido. 

El núcleo ontológico que delimita esta corriente puede resumirse en estas cinco líneas de pensamiento:  

1) la crítica del dualismo, que se expresaría en las dicotomías heredadas de la modernidad;  naturaleza/cultura, cuerpo/mente, materia/discurso, humano/animal, orgánico/técnico. El pensamiento occidental habría jerarquizado uno de los polos en detrimento del otro. Los nuevos materialismos proponen menos invertir la jerarquía que procurar la disolución de la dicotomía misma; 

2) la materia es activa: los nuevos materialismos se distancian del giro lingüístico y, frente a la imagen moderna de una materia pasiva, inerte, que solo cobra sentido cuando la cultura o el lenguaje la registran,  sostienen que la materia tiene una capacidad de acción, autoorganización y respuesta que Karen Barad llama “realismo agencial” (agential realism) [1]; 

3) un cuerpo y subjetividad no esencialistas: Moira Gatens, en Imaginary Bodies (1996), recupera a Spinoza para pensar el cuerpo a partir de su capacidad de afectar y ser afectado, no como una sustancia fija; Rosi Braidotti, en la misma línea de la ontología del devenir, postula con su noción de “sujeto nómade” que  la subjetividad es fruto de un proceso encarnado, situado y en permanente transformación, atravesado por fuerzas materiales, tecnológicas y afectivas; 

4) la transcorporalidad de los organismos: Stacy Alaimo introduce la idea de que el cuerpo humano está material y químicamente entretejido con el mundo ambiental de modo que la frontera entre cuerpo y entorno es porosa y osmótica;. 

5) posthumanismo y descentramiento del sujeto: es una de las marcas de fábrica de los nuevos materialismos, que cuestionan el humanismo antropocéntrico y la centralidad del sujeto racional cartesiano. Haraway, ya desde el “Manifiesto cyborg” (1985) y luego en When Species Meet (2008) y Staying with the Trouble (2016), propone figuras híbridas —el cíborg, la especie compañera, la simpoiesis—  orientadas a desestabilizar la frontera humano/animal/máquina y sitúar a lo humano en los tejidos de redes multiespecie de dependencia mutua.

Sin entrar ahora en detalles del pensamiento de cada autora de los nuevos materialismos, no es cabal menospreciar sus aportaciones ni aquellos temas que resaltan las insuficiencias de lo que fue el pensamiento posmoderno, especialmente en cuestiones como la atención a lo bajo y su postulado de una ontología ascendente y no descendente (de la materia a la sociedad), en la reivindicación de lo animal del cuerpo y la transcorporeidad, en la composición y ensamblamiento de artefactos, seres vivos, personas, instituciones en la agencia humana y en las redes de interdependencia y en la mirada crítica desde dentro a la ciencia y la tecnología

En lo que respecta al lugar de lo humano, el posthumanismo nace en la intersección de dos líneas: por un lado, el posthumanismo critica el ideal humanista del “hombre” como medida de todas las cosas, simbolizado por el Hombre de Vitruvio que representa a un sujeto masculino, blanco, europeo, sin discapacidad y heterosexual. Sus “otros” (mujeres, pueblos colonizados, cuerpos racializados o anómalos) serían definidos por exclusión. Por otro lado, el post-antropocentrismo critica la jerarquía de especies que sitúa al ser humano por encima de animales, plantas, la Tierra y la tecnología. El poshumanismo necesita ambas líneas de crítica: descentrar al ser humano en el orden del ser sin cuestionar quién contaba como humano, o al revés, dejaría el proyecto a medias. 

Bajo estas dos líneas, la hipótesis posthumanista se desplegaría en las siguientes tesis: 

1) siguiendo a Spinoza y Deleuze, en de una ontología monista: una sola materia, vital y capaz de autoorganizarse. Braidotti llama zoe a la fuerza generativa de la vida no humana e impersonal, frente a bios, la vida política y específicamente humana y propone un “igualitarismo centrado en zoe” que reconoce la continuidad entre lo humano y lo no humano; 

2) el sujeto posthumano es encarnado, situado, afectivo y relacional. Se definiría por sus conexiones con otros, humanos y no humanos, y por estar en proceso constante de devenir (devenir-animal, devenir-tierra, devenir-máquina; 

3) frente a la pura negatividad, Braidotti propone una ética afirmativa que transforme los afectos negativos (dolor, pérdida, indignación) en fuerzas que aumenten la capacidad de actuar. Sin negar el sufrimiento busca trabajarlo colectivamente para generar alternativas, en vez de quedarse en la crítica, la melancolía o el resentimiento. 

4) La condición posthumana no es emancipadora por sí misma: el capitalismo contemporáneo ya sería “posthumano” en tanto que borra la frontera entre humanos, animales y máquinas con el objetivo de mercantilizar la vida (biotecnología, datos, genética). Frente a él, Braidotti propone pensar una interdependencia planetaria sin borrar las diferencias de poder, género, raza y geografía. Para ello sugiere reorganizar el saber académico en “humanidades críticas posthumanas”: campos transdisciplinarios como las humanidades ambientales, digitales y médicas, o los estudios animales.

Fernando Broncano, Cercanías y lejanías con los "nuevos materialismos", El laberinto de la identidad 16/10/2026

[1] Barad sostiene que la agencia se extiende hasta todo tipo de objetos cósmicos, de modo que los fenómenos no son interacciones entre entidades preexistentes sino "intra-acciones" que se producen entre los objetos y los sujetos que los observan. La epistemología, así, se inscribiría en la ontología, quizás en una ontología extendida también a la ética, lo que ella llama "ético-onto-epistemología".

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