L'allò simbòlic i el Gran Altre (Lacan)





Para Lacan, la realidad de los seres humanos se constituye por la imbricación de tres niveles: lo simbólico, lo imaginario y lo real. El ajedrez puede servir para ilustrar esta tríada. Las reglas que hay que seguir para jugarlo constituyen su dimensión simbólica: (...) el alfil se define por los movimientos que esta figura puede hacer. Este nivel se diferencia claramente del imaginario, esto es, la forma que tienen las diferentes piezas y los nombres que las caracterizan (rey, reina, alfil). Es fácil imaginarse un juego con las mismas reglas pero con un imaginario diferente (...) Finalmente, lo real es todo el complejo conjunto de circunstancias contingentes que afectan al curso del juego: la inteligencia de los jugadores, las impredecibles intrusiones que pueden deconcertar a un jugador o directamente interrumpir el juego. (18)

El gran Otro opera en un nivel simbólico. (...) Primero existen reglas gramaticales que tengo que dominar ciega y espontáneamente (...) Después está la pertenencia a un medio cultural común que nos permite a mi interlocutor y a mí entendernos. (...) hay reglas que sigo ciegamente, por hábito, de los que, si reflexiono, puedo volverme al menos parcialmente consciente (tales como las reglas gramaticales); y hay reglas que sigo, sentidos que me acosan, sin saberlo (tales como prohibiciones inconscientes). Luego hay reglas y sentidos de los que algo sé, pero que se supone que no debería saber -insinuaciones sucias u obscenas que uno que no debería saber -insinuaciones sucias u obscenas que uno pasa por alto silenciosamente para mantener las apariencias-.

Este espacio simbólico actúa como parámetro respecto del que puedo medirme. Por eso el gran Otro puede personificarse o reificarse en un simple agente: el "Dios" que vigila desde el más allá, a mí y a cualquier persona existente, o la causa que me compromete (Libertad, Comunismo, Nación), por la que estoy dispuesto a dar la vida. (19)

A pesar de su poder fundador, el gran otro es frágil, insustancial, propiamente virtual, en el sentido de que tiene las características de una presuposición subjetiva. Existe sólo en la medida en que los sujetos actúan como si existiera. Su estatuto es similar al de una causa ideológica como el comunismo o la nación: se trata de la sustancia de los individuos que se reconocen en él, la base de toda su existencia, el punto de referencia que proporciona el horizonte último de sentido, algo por el que estos individuos están dispuestos a dar su vida, aun cuando lo único que realmente existe sean estos individuos y su actividad, de modo que esta sustancia es verdadera sólo porque los individuos creen en ella. (20)

Para Lacan, el lenguaje es un don ptan peligroso para la humanidad como el caballo lo fue para los troyanos: se nos ofrece para que hagamos uso de él sin cargo, pero una vez lo aceptamos, nos coloniza. El orden simbólico surge a partir de un don, de un regalo, que presenta su contenido como neutral para hacerse pasar como un don: cuando se ofrece un regalo, lo que importa no es su contenido sino la relación que se establece entre el que regala y el que recibe cuando éste acepta el obsequio. (21)

Pertenecer a una sociedad supone un punto paradójico en el que cada uno de nosotros se nos ordena adoptar libremente, como resultado de nuestra elección, lo que de todos modos se nos impone (todos debemos amar a nuestro país, a nuestros padres, a nuestra religión). Esta paradoja de querer (elegir libremente) lo que de todos modos es obligatorio, de fingir (mantener las apariencias) que hay una libre elección aunque efectivamente no la haya, es estrictamente codependiente de la noción de un gesto vacío simbólico, un gesto -una ofrenda- que está hecho para ser rechazado. (22)

Slavoj Zizeck, Cómo leer a Lacan, Paidós, Buenos Aires 2008

Comentaris

Entrades populars d'aquest blog

Percepció i selecció natural 2.

Determinisme biològic i diferència de gènere.

Què volen els "teapartyers"?