Materialisme i ciència.
El materialismo o naturalismo puede ser una actitud metodológica o un postulado ontológico. Como actitud metodológica suele predominar en contextos científicos en los que se trata de buscar mecanismos causales basados en propiedades fisicoquímicas que expliquen sucesos, procesos y propiedades de órdenes superiores. El materialismo coincide aquí con lo que podríamos llamar una actitud científica. Puede ser más o menos reduccionista, por ejemplo el fisicalismo o fisicismo, que postula que todo proceso en el universo se articula sobre procesos físicos subyacentes en diversas escalas de organización de la materia y la energía, desde los niveles moleculares a los cuánticos. Otros materialismos científicos admiten propiedades emergentes que se originan en la complejidad y en la interacción de las partes de los sistemas, de forma que, aunque toda la causalidad básica sea física, hay causalidades sobrevinientes que pueden ser comprendidas como niveles autónomos. Estos materialismos suelen insistir en actitudes metodológicas holísticas, es decir, en metodologías que partan el mundo en sistemas y entornos y distingan las propiedades sistémicas de las propiedades de los elementos componentes. A lo largo y ancho de las filosofías de las ciencias, desde la filosofía de la mecánica cuántica, pasando por la filosofía de la biología a las ciencias cognitivas, se han producido controversias entre estas dos formas de materialismo metodológico.
Estas actitudes metodológicas se corresponden con postulados ontológicos, que establecen los niveles de realidad del ser. Al materialismo más reduccionista le corresponde una ontología física que establece que las únicas realidades son la materia y la energía y a los materialismos emergentistas o sistémicos le corresponden ontologías jerárquicas en las que se establecen niveles de emergencia con propiedades cuya realidad depende de la constitución de estos sistemas estables.
Incluso en los niveles más básicos como la mecánica cuántica encontramos controversias sobre la interpretación de la función de onda que recorren lecturas desde las más materialistas como la postulada por de Broglie-Bohm o la teoría de la decoherencia a otras de corte inmaterialista o fenomenológico, como la interpretación de Copenhagen, las informacionales o las de muchos mundos o muchas mentes. A partir de este nivel básico, la línea metodológica de la complejidad, especialmente en las teorizaciones del Instituto Santa Fe de sistemas complejos ha desarrollado formas de materialismo que parten de la idea de que el universo es esencialmente un sistema dinámico en el que las leyes básicas de la termodinámica permiten la formación de estructuras emergentes de orden tanto en los niveles físicos como en los químicos, bioquímicos, biológicos y culturales.
La discusión más apasionante del materialismo ontológico tiene que ver con esta concepción dinámica de la naturaleza y especialmente con la cuestión del orden y la emergencia de la información. En una cierta concepción, la información está relacionada con el orden y la estructura de un sistema, en otras concepciones más complejas, la información exige la presencia de un intérprete. En esta línea, la información sería un nivel ontológico emergente que es la marca de la vida. Las moléculas autocatalíticas y autorreproductoras de ARN, habrían dado lugar a sistemas complejos de información codificada en el ADN e interpretada en cadenas de aminoácidos que son las proteínas. Los sistemas vivos más elementales como la protistas o las bacterias serían ya sistemas informacionales o infovívaros, que consumen tanto materia y energía como información sobre el entorno (externo e interno). A partir de aquí, la jerarquía biológica que establece los seres vivos en organismos formados por sistemas de sistemas, ensamblamientos de células, tejidos, órganos, simbiontes, y las interacciones con los nichos ecológicos, serían producto del orden creado por la información. El evolucionismo darwiniano fue el comienzo de este gran desenvolvimiento de la concepción materialista del mundo basada en las estructuras de orden autorreproductivas y adaptativas.
La tecnología moderna y contemporánea ha sido sin duda la que ha permitido hacer plausible el materialismo ontológico. En el barroco, el diseño de mecanismos complejos como el reloj proporcionó a los filósofos la metáfora de un mundo regido por sus propias leyes sin recurso a fuerzas externas sobrenaturales. Fue en el siglo XVIII, sin embargo, en el que se desarrolló un dispositivo que cambiaría la máquina haciéndola cada vez más parecida a la vida, me refiero al governor de Watt, el primer sistema de control, que después se extendería en múltiples variantes con la tecnología eléctrica, dando lugar a la automática. En el siglo veinte apareció la segunda gran conquista, la mecanización del cálculo, que dio origen a la digitalización y la informática y, por debajo de ello al modelo abstracto de procesamiento de información que fue la máquina de Türing.
Fernando Broncano, Materialismos, El laberinto de la identidad 20/10/2025
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