Democracia insurgent (Miguel Abensour)








Antología de citas del Prólogo a la segunda edición de La Democracia contra el Estado


A la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel (1843), Marx formula la cuestión de “la verdadera democracia”, precisamente la de abrir otra vía que permita escapar a esta alternativa y a sus imposiciones? Como si, antes de someter a la democracia a la exigencia de moderación o de rechazarla sin más alternativa, fuera necesario dirigirse hacia un momento previo, a interrogarse seriamente sobre la democracia verdadera, a descubrir las formas que descalifican tanto la solución de la moderación como la del rechazo, y todo esto a través de un pensamiento que no es esencialista, sino resultado de una reflexión sobre el destino de la democracia en la modernidad.

... posee el mérito de evocar una forma de pensamiento que ha desertado de nuestros espíritus, ocupados como estamos en rastrear los déficits de la democracia o en denunciar sus ilusiones.

El advenimiento de la democracia no se efectuará tanto en un proceso de consunción del Estado cuanto se constituirá ella misma en una lucha contra el Estado. La alternativa inicial, por tanto, resulta desacreditada. Así concebida, la verdadera democracia se opone a la fórmula de transacción moderada que representa la expresión corriente “Estado democrático”

... la democracia, en su objetivo más profundo, trabaja por la desaparición de la relación dominadores/dominados, por la llegada de un estado de no- dominación.

... esta lucha por el derecho busca en última instancia el reconocimiento y la sanción estatal de derechos en litigio, ¿no concluye volens nolens en un reforzamiento del Estado, o aún peor, en una reconstrucción permanente del Estado?

Esta es una de las paradojas, y no de las menores, del progresismo contemporáneo que en su invocación renovada del “derecho a...” termina siempre pidiendo la aprobación del Estado y, simultáneamente, lo reafirma, como si nada pudiera hacerse sin el asentimiento de este. Por último, ¿se halla en los derechos del hombre, incluso interpretados de manera política, el lugar en el que hay que descubrir el principio vivo de la democracia salvaje? ¿Se trata de un principio dotado del aspecto idóneo para conjurar la estatización?

... el advenimiento de la democracia significa la desaparición del Estado político; y si se observa el camino recorrido entre 1843 y 1871, se trata de afirmar que la democracia no puede existir si no se dirige contra el Estado.

La democracia o es antiestatatal o no es democracia.

... la democracia es el teatro de una “insurrección permanente” contra el Estado, contra la forma-Estado unificadora, integradora, organizadora

(destacar) la disposición antiestatal de la democracia (compartida con Rancière)

Repolitizar la sociedad civil es entonces descubrir la posibilidad de una comunidad política externa al Estado y contra él. 

... la insurgencia es la fuente viva de la verdadera democracia; igual que, según Maquiavelo, la lucha permanente entre la plebe y el Senado, los tumultos de la plebe, eran la fuente de la libertad romana.

La democracia insurgente es lucha continua por la acción contra el hacer ... 

Lo propio de la democracia insurgente es desplazar sustancialmente lo que está en juego. En lugar de concebir la emancipación como la victoria de lo social (una sociedad civil reconciliada) sobre lo político, que comportaría al mismo tiempo la desaparición de lo político, esta forma de democracia hace surgir, trabaja para que surja continuamente, una comunidad política contra el Estado. Reemplaza la oposición entre lo social y lo político por la de lo político y lo estatal. Destronando al Estado, dirige la política contra lo estatal y abre el abismo a menudo oculto entre lo político y el Estado.

La democracia no es un régimen político, sino que en primer lugar es una acción, una forma de acción política, específicamente aquella en que la irrupción del démos, el pueblo en la escena política —en oposición a los Maquiavelo llama los “grandes”— lucha por el establecimiento de un estado de no-dominación en la ciudad

... si la democracia tiene por objetivo establecer una comunidad política que mantenga a distancia la dominación, que busque el establecimiento de lo social bajo el signo de la no-dominación, ¿cuál es el mecanismo que preserva este principio, si no es el derecho a la insurrección, del que debe hacerse uso siempre que el deseo de dominar de los grandes llegue a pesar más que el deseo de libertad del pueblo?

... la democracia insurgente, lejos de ser por principio hostil a cualquier institución y a toda relación con el pasado, es selectiva. Llevada como cualquier movimiento político a inscribirse en el tiempo, distingue entre las instituciones que favorecen la acción política del pueblo y las que no la favorecen. El criterio para su decisión es la no-dominación. No hay antagonismo sistemático entre la democracia insurgente y las instituciones, siempre y cuando estas trabajen por conservar ese estado de no-dominación y actúen como diques de contención del deseo de dominar de los grandes, y hagan posible, haciéndolo, las experiencias de libertad del pueblo. Por el contrario, cualquier institución gubernamental o de otro tipo que pueda alentar a una nueva posición de dominio en manos de los nuevos grandes solo puede despertar la hostilidad de la democracia insurgente. … siendo otorgada la preeminencia a las instituciones y la desconfianza reservada a las disposiciones legales, tal y como aparece en el manuscrito

... la primera pretensión de la democracia sea la de alzarse contra el Estado ...

Miguel Abensour, La democracia contra el Estado (Marx y el momento maquiaveiano) (2004) Traducció de Jordi Ribas, editorial Los libros de la Catarata, publicat 2017







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