El racisme i l'explicació de l'habitació buida.



Estamos en una habitación vacía. Entra alguien que no conocemos, un extraño. Al observarlo podemos adoptar una actitud de curiosidad o indiferencia, interés o desprecio. También podemos sentir aprensión, miedo o asco ante su presencia, que nos puede resultar agradable o molestarnos. Lo fundamental es que, desde ese momento, compartimos la habitación con él y debemos adaptar nuestro comportamiento a su inevitable existencia en nuestra vida.

Si nuestra relación con el «extraño» se convierte en amistad, cariño o incluso amor, significa que lo admitimos y aceptamos, que iniciamos una vida en común. Pero esto no es lo habitual. Generalmente, entablamos con él una relación social o profesional que nos llevará a acuerdos concretos en el trabajo o en los espacios compartidos. Es decir, toleraremos su existencia, ya que es inevitable, o incluso acogeremos sus opiniones con interés o simple condescendencia.

Pero también es habitual que ciertas características, actitudes o comportamientos del extraño no nos gusten. Entonces comienza un camino de aprensión, prevención y rechazo que puede llegar al asco ante su forma de vida o incluso al deseo agresivo de reprimir su comportamiento, que nos resulta negativo. Ese sería el comienzo de un pensamiento xenófobo.

Esta explicación de la relación con el «otro» es la habitual de los libros que tratan la alteridad, la relación con el «otro», que explican los fenómenos de la xenofobia y el racismo desde el punto de vista de determinadas escuelas de la filosofía o la antropología. Una explicación lógica y coherente basada en el mito individualista que sustenta nuestra sociedad, que cuenta con una novela fundacional magnífica, Robinson Crusoe, y que el filósofo Sartre expresaba de forma angustiada: «el infierno son los otros». Pero es una verdad a medias.

Debemos invertir la historia que estábamos contando. La realidad es que nunca estamos solos sino que pertenecemos a un grupo. Nuestra habitación no está vacía sino bien amueblada. Se encuentra llena de objetos y símbolos, recuerdos del pasado y proyectos de futuro, ideas y prejuicios. Es el bagaje que nos ha aportado la sociedad que nos ha educado y que ha conformado nuestra personalidad. Nuestra visión del «otro» siempre parte de una conciencia de «nosotros» previa, aunque la relación que entablemos con él, ciertamente, sea personal.

Tanto si recibimos al extraño como si vamos a su territorio, llevaremos nuestra habitación en la cabeza, adaptaremos cualquier situación y relación que tengamos con el «otro» a esa imagen previa. Y lo definiremos siempre con respecto a ella, aceptándolo, tolerándolo o rechazándolo.

José María Percebal, El racismo y la xenofóbia. Excluir al diferente, Editorial Cátedra, Madrid 2013

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