Economia sense moral.

El Roto

El sistema nos bombardea a todas horas y desde todos los frentes posibles con la idea del éxito. “Ser” significa ya muy poca cosa, de lo que se trata ahora es de “tener”. Somos básicamente lo que producimos y consumimos.

No puedo dejar de pensar que buena parte de los males de nuestra época se deben al hecho de que hay mucha gente que está dispuesta a obedecer, sin plantearse siquiera si aquellos a los que obedece la están utilizando. El ser humano necesita conocer y disfrutar conociendo para poder decidir. Es justo lo contrario de lo que nos está pasando. Sometidos a nuestros trabajos y obligaciones, han conseguido que no tengamos tiempo ni para plantearnos por dónde empezar a consolidar nuestra existencia.

No estamos trabajando para “crecer”, estamos sobreviviendo para producir. Y eso, quienes tenemos la inmensa suerte de contar con un salario. Sin embargo, y pese a la supuesta recuperación económica, cada día hay más personas viviendo con mensualidades míseras, e incluso sin recibir retribución alguna a cambio. De estas últimas la mayoría trabaja con la esperanza de que algún día cambie su suerte, y lleguen a ser contratadas por la entidad que les está exprimiendo.

¿Cómo alguien puede justificar un sistema que es incapaz de proteger a su ciudadanía? Según el último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de julio de 2014, unos 1.500 millones de personas, un tercio de la población global, viven en situación de pobreza en todo el mundo o están bajo riesgo de padecerla. Según datos de la Alianza Española contra la pobreza, “85 personas manejan la misma riqueza que 3.500 millones”. ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo un porcentaje tan inferior de ricos ha conseguido silenciar las necesidades de millones de personas?

A simple vista hay algo que se nos escapa. No se trata solo de economía, sino de las técnicas de alienación y propaganda propias del sistema, que han acabado interiorizándose en quienes más las padecen. Sin embargo, nadie duda (conociendo los indicadores) que es urgente transformar la realidad. El primer paso para conseguir cambios, es cuestionar la doctrina del “tanto tienes, tanto vales” que ha catapultado hasta la estratósfera el neoliberalismo más salvaje. Es la única forma de que los seres humanos recuperemos la dignidad, y el significado de lo realmente esencial, porque de lo contrario acabaremos en un mundo donde la mediocridad y la indolencia serán más importantes que la solidaridad y la justicia.

Pero no podremos -bajo ningún concepto- transformar la sociedad, si primero no empezamos por nosotros mismos. Están los que se enriquecen sin trabajar o robando, mientras quienes se extenúan trabajando continúan siendo pobres. ¿Es esto moral? ¿Quién protege el sistema? ¿Quién lo conforma?¿Quién decide que medidas sociales se deben implantar o recortar?.

El poder, el establishment, el mercado, etc., podemos nombrarlo como consideremos, no es una entelequia, es una realidad pensada y construida por los seres humanos. Por consiguiente, tenemos la obligación de analizar críticamente qué lleva a esta parte de la humanidad a destruir a sus semejantes, con cinismo y sin sentimiento de culpa.

Los defensores del neoliberalismo argumentan convencidos que no hay moral posible en aritmética, física, o meteorología… ¿Cómo pretendemos entonces que exista en economía? ¿Cómo va a ser moral si no tiene conciencia? El poder siempre ha defendido que el sistema económico está principalmente ideado para generar riqueza. No importa el coste, ni los daños colaterales. Lamentablemente, no existe ideología alguna que haya podido substraerse a dicha influencia.

Sin embargo, y a pesar de que el mundo avanza en desigualdad, el triunfo del capitalismo acabará generando su propio fracaso: "Así se prendó Narciso de su propio ser y murió por besar su imagen en la fuente". Un sistema que no se cuestiona a sí mismo, mientras provoca que millones de personas naufraguen en la invisibilidad y miseria más absolutas, va camino de su autodestrucción. Hemos convertido al mercado en una religión, la peor de todas, la del becerro de oro. Entonces, ¿cuál es el verdadero triunfo del capitalismo?
 
Josep Giralt, Del narcisismo y su fracaso, Amores imaginarios. El País, 24/10/2014

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