Humanisme i perfeccionisme.




La línea general del programa cultural del humanismo es lo que en la filosofía moral y política contemporánea se ha calificado como “perfeccionismo”. El término describe más bien un aire de familia entre diversas variedades de la hipótesis humanista que expresaba el lema “la cultura nos hará mejores”. El perfeccionismo sostiene de un modo general que hay bienes y valores objetivos que merece la pena promover y preservar y, en segundo lugar, que la cultura y la sociedad pueden ejercer influencia positiva sobre personas y colectivos en la dirección de una mejora de caracteres o capacidades en lo que respecta a estos valores y bienes. Así en abstracto es un poco confuso, pero las formas concretas en que se ha presentado en la historia nos ayudan a entenderlo. Suelen ser un síntoma de modalidades perfeccionistas las expresiones de “florecimiento humano”, que puso de moda el neoaristotelismo del siglo pasado, o la mucho más conocida de “mejora humana” que ha popularizado el transhumanismo. En ética, el perfeccionismo se opone a las muy influyentes líneas del consecuencialismo y del formalismo kantiano, en toda la diversidad de opciones que estas presentan en la filosofía contemporánea. Kant criticaba al perfeccionismo por no generar imperativos categóricos, universales, que él consideraba la frontera de toda ética legítima, aunque esta discusión podemos dejarla a un lado del hilo de esta presentación de las relaciones entre humanismo y perfeccionismo. En filosofía política, el gran adversario del perfeccionismo son ciertas corrientes del liberalismo que abjuran de toda intrusión de la sociedad y el estado sobre la autonomía radical de las personas para perseguir sus propios fines, por malos o buenos que estos sean.



La idea de bienes y valores humanos que suscita el perfeccionismo se relaciona con otras muchas en una constelación que agrupa problemas metafísicos (identidades y personas), políticos (pobreza, desigualdad, prosperidad), éticos (autonomía, universalismo o relativismo de valores) y antropológico-culturales (necesidades, prácticas y planes de vida). El perfeccionismo se entiende mejor si lo relacionamos con una de las traducciones más extendidas (y discutidas) de la eudaimonia de los griegos: “florecimiento humano”. El término incorpora la idea de desenvolvimiento de posibilidades que están en potencia y que se consideran valiosas y buenas. En este sentido, “felicidad” o “prosperidad” no captan de igual modo esta idea de potencial y por eso de temporalidad e historicidad. Y, por otro lado, el desenvolvimiento de lo posible nos lleva directamente a la cuestión de una posible esencialidad biológica del ser humano, de funcionamiento, en un sentido biológico amplio, como es el aristotélico o ciertas formas de naturalismo ético contemporáneo (que defienden que la selección nos habría hecho proclives a ciertos valores como el altruismo y la cooperación), que es pronto contestado por quienes se preguntan por la variabilidad y diversidad cultural humana. Desde esta perspectiva de variación histórica y cultural, la idea de bienes (salud, libertad, reconocimiento y comunidad, autoestima,…) pueden ser vistos como términos abstractos que no acogen lo que tales palabras con mayúscula significarían en las situaciones concretas, ligadas a la edad, la historia, la cultura, el género, los valores de los planes propios de vida.

Fernando Broncano, Perfeccionismo y humanismo cultural, El laberinto de la identidad, 09/10/2021

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