Goebbels i la propaganda espanyola.




Principio 1, o de simplificación y del enemigo único 

Consiste en adoptar un símbolo único, y en individualizar al adversario en un único enemigo. 


Principio 2, o del método de contagio 

Está íntimamente relacionado con el principio anterior. Si tenemos un enemigo, el siguiente paso es meter dentro de esa individualidad a todos los enemigos. Con ello, se economiza y se gana agilidad y rapidez en la emisión de propaganda. 


Principio 3, o de la transposición 

A lo bruto, es un método de autodefensa de los sistemas propagandísticos. Básicamente, consiste en cargar sobre el adversario los propios errores o defectos. Ante una mala noticia o información, crea otra más bestia. 


Principio 4, o de la exageración y desfiguración 

La cosa va de convertir algo anecdótico en algo categórico, si no en una amenaza grave. 


Principio 5, o de la vulgarización 

Este principio sostiene que la propaganda debe ser popular y adaptada al tipo de receptor menos inteligente y formado al que va dirigida. Se tiene en cuenta que ese receptor tiene comprensión limitada y olvida con facilidad. La propaganda, así, no debe tener matices, debe ser reiterativa, sencilla, divertida, eléctrica, apasionante. Es lo contrario a la formación ciudadana, a la didáctica, a la explicación pedagógica, a la argumentación, o a la información. Este principio explica eso que une a España: las tertulias políticas, así como su alejamiento del género informativo. No son, vamos, información. Son vulgarización. Literalmente. Si emites propaganda, debes tener canales dispuestos a estos tipos de programas o, al menos, de algún tipo de cuota en ellos. 


Principio 6, o de orquestación 

Muy importante. Alude a que la propaganda son cuatro ideas reiteradas, si bien ordenadas. Es aquello de que “si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”. Es la reiteración absoluta y apabullante. 


Principio 7, o de renovación 

Alude a la poca atención del consumidor de propaganda, al que no se le puede dejar solo mucho tiempo, o se interesará, por ejemplo, por información no tamizada por propaganda, por las acusaciones e información de los opositores a la propaganda. La propaganda debe ser, por tanto, continua y fresca. Steve Bannon es el autor, se dice, de la frase. “Hay que freírlos a noticias, para que no puedan levantar la cabeza”. Lo que es importante y explica algo nuevo. Las noticias propagandísticas. Es decir, las fake-news, que no pueden dejar de emitirse, o el invento se va a paseo.  


Principio 8, o de la verosimilitud 

Muy contemporáneo. Alude a la construcción de argumentos a partir del mayor número de fuentes y medios posibles y, por lo común, a partir de informaciones fragmentarias. Se relaciona con el anterior principio, el de renovación. Gracias al principio de verosimilitud, se equiparan, por lo tanto, fuentes de diverso nivel y jerarquía. Da igual, así, si se trata de noticias o de tuits. En todo caso, corroboran las grandes ideas propagandísticas, por otros medios, a partir de pequeños detalles que confirman los grandes detalles. Es un coladero de fake-news. Consisten, por ejemplo, en voces cualificadas –tertulianos, influencers–, o no –tuiteros–, que tienen una prima de una amiga de una vecina a la cual se le obliga a estudiar en catalán, o en castellano, dependiendo de quién emita la verosimilitud. 


Principio 9, o de la silenciación 

Literalmente eso. En caso de ausencia de argumentos propagandísticos, o de marrón informativo, cerrar la boca de la cara. Es muy utilizado en un sistema propagandístico. Por aquí abajo, con mucha profusión, hasta el punto de que los gobiernos netamente propagandísticos niegan entrevistas –es decir, silencian de otro modo– a medios y periodistas alejados de su mismidad. 



Principio 10, o de la transfusión 

Alude al hecho de que la propaganda no nace sola. No se puede crear en el aire. Facilita su creación, así, una buena cimentación, un substrato preexistente. Por lo común, en los sistemas propagandísticos es el nacionalismo anterior, al que no se alude, al que se expurga, por tanto de componentes yuyus, pero necesario para edificar grandes construcciones propagandísticas, mediante su transfusión en vena. 


Principio 11, o de la unanimidad 

Mi favorito. Alude al fin último de la propaganda que, me temo, es el de hacer creer al máximo volumen de personas el hecho de que piensan como todo el mundo, que son normales, que lo que piensan es puro sentido común. Aznarato: en el Urdaci System, con cada atentado, se clausuraba la programación y, en su lugar, se emitía una programación en directo, en la que diversos ciudadanos, políticos y periodistas explicaban sus puntos de vista gubernamentales como no-política, como sentido común, como la normalidad. Es decir, se dibujaba la subnormalidad del diferente. Procesismo: en cada 11S, se clausura la información en TV3. EL canal no habla de la manifestación, sino que es parte de la manifestación. Manifestantes, políticos, periodistas explican sus puntos de vista gubernamentales como no-políticos, como sentido común, como la normalidad. El principio de unanimidad, en cualquier sociedad sometida a propaganda, impide que nos hablemos. Es más, impide que nos miremos, que nos observemos, que nos escuchemos, pues cualquier emisión realizada desde fuera de un sentido común resulta incomprensible, salvo como aberración. Más hoy, cuando los sistemas propagandísticos tienden a definir lo suyo como democracia, y lo demás como su negación. Hablar desde fuera de un sistema común –en mi caso, snif, dos– es en verdad un atentado contra la democracia, entendida la democracia como sentido común. No lo es. Es difícil de combatir el principio de unanimidad. Cuando existe, es que han fallado los medios de comunicación, y es imposible el diálogo entre la ciudadanía. Lo único que se me ocurre es que la ciudadanía se hable fuera de los medios –difícil, pero no imposible–. Si opta por ello, suerte. No hay otra. 

Guillem Martínez, ¿Por qué no nos hablamos? Funcionamiento de un sistema propagandístico, ctxt 12/09/2018

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