Epicur i la saviesa maleïda.

Epicur de Samos
Epicuro de Samos (341-270 antes de Cristo) fue un revolucionario de la acción placentera y la tranquilidad del ánimo. En su “jardín” ateniense, el humilde lugar donde compartía sus enseñanzas, se reunían personas de todo género y condición —esclavos incluidos— con el único fin de dedicarse a la “filosofía”; y en aquellos tiempos filosofar significaba “aprender a vivir”, reflexionar sobre cuál es la mejor forma de evitar el sufrimiento y cómo alcanzar la paz con uno mismo y el mundo. 

Epicuro exhortaba a actuar de la mejor manera posible, entendiendo que “lo mejor” es lo que produce placer. Placeres físicos e intelectuales eran bienvenidos en su escuela: hay que honrar el cuerpo como fuente de goces lo mismo que el intelecto, pues aprender y educarse para la sabiduría es lo más gozoso. El filósofo animaba a sus amigos a disfrutar de la vida sencilla y natural, a despreciar las demasiadas riquezas y la prisa; se cultivaban la amistad y el amor, no se temía a los dioses (ellos habitan en otro mundo) ni a la muerte (“cuando nosotros somos, la muerte no está presente y, cuando la muerte está presente, entonces ya no somos nosotros”). Placer y dolor nos avisan constantemente de lo que nos conviene, “¡atengámonos a ellos!”, exclamaba Epicuro

Filosofía del aquí y el ahora, del “más acá”, la de Epicuro, disfrute del momento sin prejuicios heredados, ¿hay alguna sabiduría más perenne que ésta? ¿Hubo alguna más maldecida? Aunque escribió mucho, apenas se han conservado tres cartas suyas y algunos fragmentos de sus escritos.

Luis Fernando Moreno Claros, El jardín de Epicuro, Babelia. El País, 09/11/2013

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