La cultura de la violació.




¿Ustedes se imaginan que los judíos que sobrevivieron a los campos de concentración tuviesen que probar su condición de víctimas del Holocausto demostrando que, a cada instante de su infierno, de principio a fin, pelearon por escapar de los campos? ¿Ustedes pueden imaginarse que una víctima no sólo tenga que probar que han abusado de ella, sino además justificar por qué se sometió a las condiciones que imponían los dominadores? Bajo esta exigencia, ignorante de las dinámicas relacionales amo-esclavo —terminología que propuso Hegel para tematizar la compleja y asimétrica intersubjetividad— seríamos incapaces de determinar la condición de víctima de cualquier grupo oprimido, pues bajo tal supuesto, si uno no se resiste con inquebrantable vehemencia a cualquier situación de amenaza, es que entonces uno deseaba y se merecía el mal que le infligieron. Ésta es la perversión interpretativa que, tras el horror de lo acontecido, a posteriori aún tiene que soportar la víctima: portar la culpabilidad del daño que le hicieron, verse obligada a probar su inocencia.

Victoria Mateos de Manuel, Licantropía y cultura de la violación, La grieta 05/12/2017

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