Sartre avui.


Sobre Sartre se montó un cliché. Mal costurero del existencialismo con el humanismo, observador miope de la realidad política, pensador meritorio y, lo más raro, mediocre novelista. El tópico lo crearon en Francia sus descendientes directos. Esos intelectuales que de un modo o de otro crecieron a la sombra de la “familia” —como a Simone de Beauvoir le gustaba llamar a su cogollito— y que, una vez desaparecido el cabeza de la ilustre parentela, sintieron la irrefrenable necesidad de matar al padre. Y de enterrarlo muy hondo. En sus últimos años el propio Sartre se reconocía preso de una dura hipoteca. Se le pedía que sus actos concordaran con lo que escribía. Algo que no se le demandaba a ningún otro escritor pero sí a él. Tal vez porque él, soberbio en sus tiempos de mayor gloria, así lo había propiciado.

Antonio Soler, Sartre lapidado, Babelia. El País 18/04/2018

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