La teoria política com a història de les idees (Berlin)
Berlin entendía también la teoría política como historia de las ideas. Esta segunda afirmación necesita aclaración porque ha de entenderse de forma congruente con la anterior, esto es con la definición de la teoría política como un saber orientado al fin práctico de la mejora de la vida social. Para Berlin, la actividad política está informada por ideas que, al no ser reflexivas, han de calificarse como creencias. Sostenía además que su tiempo, el tiempo de la polarización ideológica extrema de la primera mitad del siglo XX, se caracterizaba por la hegemonía de los credos políticos vinculados al totalitarismo. Pues bien, estas ideas que se integran como creencias en las religiones políticas del presente tienen una genealogía, fueron de alguna manera creadas por pensadores en épocas y contextos particulares antes de convertirse en creencias aceptadas acríticamente por la multitud.
Para Berlin, la tarea del teórico político es el estudio de estas ideas políticas propensas a convertirse en creencias, idealmente en el momento de su nacimiento, de manera que se evite así que una vez instaladas en la mentalidad de las masas se conviertan en poderosas fuerzas tectónicas imposibles de contrarrestar. Dado que son los teóricos los que crean o inventan las ideas políticas, corresponde a otros teóricos desactivarlas, pues el estudio de las ideas es su especialidad. Así pues, la tarea de la teoría política es la de juzgar la realidad política pero también analizar las ideas que informan la política con el ánimo de mejorar nuestra vida colectiva y evitar en lo posible la extensión de las religiones políticas destructivas, esto es, de los totalitarismos.
Berlin ha sido visto por muchos comentaristas como un pensador típico de la Guerra Fría, porque el credo político del siglo XX que más denunció fue, sobre todo, el comunismo, capaz de sobrevivir y extenderse tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la calificación de Berlin como pensador de la Guerra Fría es insuficiente. Pareciera que la única batalla de las ideas en la que hubiera combatido fuera la librada contra el comunismo y esto es no solo es parcial sino falso. Berlin también se ocupó ampliamente del fascismo, pero, sobre todo, fue un crítico contumaz del racionalismo político, esto es, de los monstruos del sueño de la razón. Para Berlin, es la búsqueda de una sociedad perfecta racionalmente concebida lo que está detrás de las grandes ideologías que llevaron a las tragedias totalitarias de la primera mitad del siglo XX.
Como buen británico por elección que era, militaba en el empirismo y era un crítico acérrimo, como acabo de apuntar, del racionalismo en política. Es más, pensaba que el torpe materialismo racionalista de la Ilustración francesa era la cepa de la que el comunismo no era sino un retoño pobre y confuso destinado a perecer.
Angel Rivero, El liberalismo de Isaiah Berlin y la vuelta de las autocracias, Letras Libres 01/04/2025
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