Injusticia generacional (Emmanuel Todd)
En cierto modo, estamos asistiendo a una forma de desintegración de la sociedad francesa. Ya había descrito este proceso en La Dislocación, en el que dediqué un capítulo específico a la situación francesa, titulado “Francia: ¿la caída final?”.
Se debe, ante todo, y esto es innegable, a la transformación de la democracia en gerontocracia. Francia es el país de Europa donde los jóvenes sufren más restricciones. El profundo malestar de la juventud no se manifiesta únicamente en las estadísticas económicas, en particular la tasa de desempleo, sino también en los datos demográficos. La mortalidad infantil se encuentra entre las más elevadas de Europa, tras años de aumento constante. Detrás de estas cifras dramáticas aparecen las difíciles condiciones de vida de los padres jóvenes. Paralelamente, Francia es uno de los países donde la esperanza de vida en buena salud a los 60 años es la más elevada. La injusticia generacional se manifiesta allí de forma flagrante. Hay que comprender de dónde empezó este movimiento: de los institutos de los suburbios, donde la población de origen inmigrante es numerosa y la juventud está especialmente despreciada. Algunos jóvenes empezaron a bloquear sus centros educativos porque los profesores ausentes no eran sustituidos, en un contexto en el que la movilidad social se deteriora y la escuela aparece cada vez más como el único medio para escapar de su propia condición social. Mientras tanto, el debate político francés está atrapado en temas como la seguridad y las pensiones. Es para llorar.
Lo que se pone de manifiesto es que el sistema político juega estructuralmente en contra de la juventud. El sufragio universal ya no logra arbitrar los conflictos que atraviesan la sociedad, en la medida en que los jubilados ocupan un lugar preponderante dentro del cuerpo electoral. Los mecanismos democráticos se vuelven así estructuralmente conservadores. Como demócrata convencido, estoy absolutamente horrorizado por esta conclusión. Sin embargo, el envejecimiento de la población hace que, por primera vez, sea válido un argumento contra el sufragio universal. Es espantoso.
Sinceramente, las escenas de saqueo me resultan bastante dolorosas. Es lógico que una parte de la población se incline hacia el partido del orden después de haber sido testigo de los estragos en los centros urbanos. Pero este supuesto orden republicano no es hoy más que un espejismo. ¿Por qué? Porque no hace sino perpetuar un sistema que garantiza la reproducción conservadora de las instituciones mediante el voto de las personas mayores y, por tanto, el mantenimiento de las desigualdades actuales.
En un contexto en el que los jubilados constituyen una parte preponderante del cuerpo electoral, los mecanismos de mediación entre el Estado y el resto de la sociedad ya no funcionan correctamente. Por tanto, el aplastamiento de los ingresos de los jóvenes no va a parar.
En realidad, los manifestantes que salen pacíficamente a la calle, de acuerdo con las tradiciones políticas francesas de la segunda mitad del siglo XX, saben muy bien que están emprendiendo algo que no sirve de nada. A mi juicio, en la medida en que son conscientes del bloqueo del sistema, algunos manifestantes acaban por no condenar con tanta severidad a quienes provocan destrozos e incluso a veces llegan a unirse a ellos.
Rafael Karoubi, entrevista a Emmanuel Todd: "En Francia y Europa los problemas son los mismos: juventud maltratada y élites irresponsables", El Salto 01/11/2026
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