Protestantisme i nihilisme.
Recientemente me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas.
La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo.
En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo.
Rafael Karoubi, entrevista a Emmanuel Todd: "En Francia y Europa los problemas son los mismos: juventud maltratada y élites irresponsables", El Salto 01/11/2026
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