Per què els joves trenquen coses?
Espontáneas o convocadas por oscuros intereses, nada de esto explica por qué los jóvenes van y rompen cosas. Ni su rabia –o su diversión–. ¿Está emergiendo en la política una nueva generación con formas propias que responde a sus vivencias? ¿Qué tiene que ver con la clase?
¡Y qué tranquilizador resultan las conspiraciones, porque ya no hay nada más que pensar! Y el destino de estos chavales queda librado a su suerte porque son herramientas del mal. Se dice que es fácil criminalizar todas las protestas tras estos disturbios, pero es la deslegitimación previa de estas formas de revuelta la que permite perseguirlas luego sin cortapisas.
Lo que produce más confusión es que estos jóvenes no parecen mencionar ningún tipo de reivindicación, al menos dentro de los marcos a los que estamos acostumbrados: un conjunto de demandas concretas y realizables, más o menos coherentes, que puedan ser atendidas o no por el Estado.
¿Por qué habrían de rebelarse aquellos que deberían mostrarse agradecidos por ser sus bármanes, sus chóferes, sus crupieres, sus camareras de piso?
Más bien deberíamos preguntarnos de qué clase social son estos jóvenes y qué expectativas de vida tienen.
“El estudiante que se manifiesta para reabrir las puertas de su propio futuro y el maranza –quinqui– que saquea para celebrar ‘el mejor cumpleaños de su vida’ no comparten un mismo horizonte temporal”, dice Gigi Roggero sobre los disturbios en Milán. La diferencia es el acceso al futuro, si está detrás de algunas barreras que se pueden quitar o simplemente no habrá.
... ¿cuáles podrían ser las demandas de aquellos para los que las promesas de movilidad social no se cumplirán hagan lo que hagan? ¿Para los chicos y chicas de las banlieues, los jóvenes migrantes magrebíes o los nacidos aquí pero que nunca serán tratados como españoles, para los habitantes de los barrios populares donde las discriminaciones y las violencias cotidianas son la norma? Para ellos, aunque los alquileres se abaraten y la educación mejore, sus vidas serán iguales a sí mismas, sus trabajos en el sector servicios los más explotados y denigrantes, como denigrante es también vivir la experiencia del racismo. Lo que quieren estos jóvenes es no ser como sus padres, no vivir como ellos, no trabajar como ellos. Son población excedente.
En ese mismo artículo, Roggero señala que “las formas de violencia y conflictividad caóticas son parte indisoluble de la historia de la lucha de clases”. En el pasado, las formas de lucha más organizadas –como las del movimiento obrero– servían de puente con el disturbio nihilista o reactivo. Construían un sujeto político capaz de dar sentido a las revueltas espontáneas y desarticuladas, y de integrarlas en su propio marco. Hoy ya no existe algo similar y tenemos que empezar a pensarlas de manera distinta. De hecho, muchas de estas protestas tienen vidas muy cortas, tan cortas como los ciclos mediáticos ya completamente acelerados o las modas instantáneas de las redes sociales.
Un punto de unión entre ambas formas de lucha de los integrados –o en vías de integrarse– y los excedentes son los nuevos deseos que emergen cuando uno se organiza y lucha, lo que permite vislumbrar una vida diferente que no encontrarán en trabajos reglados, propiedad y familia. Esos contenidos se encuentran también en las protestas o se descubren al estar en ellas. Organizarse, encontrarse con otros en las movilizaciones, dejar de estar tan solo y salir del omnipresente ‘yo’ que ocupa tanto espacio en redes, proyectar horizontes colectivos es la terapia necesaria.
Cuando se lucha se puede descubrir, detrás de la rabia y el enfado, un deseo de vivir más allá de los cauces reglados, de los papeles sociales predeterminados. No ser como sus padres, sino otra cosa que está por inventar. “Volverse vivo. Recuperar la capacidad de disfrutar, desear, crear y experimentar la vida más allá de las obligaciones económicas y sociales”, decía el Comité Invisible sobre las revueltas en Francia. Eso abre el camino para nuevas luchas que sin duda vendrán, las entendamos o no.
Nuria Alabao, La generación que se levanta y rompe escaparates, ctxt 28/10/2026
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