Què és l'hegemonia, segons Gramsci?

Antonio Gramsci




Una de las preguntas fundamentales de Gramsci era por qué las clases dominantes podían conservar su posición incluso cuando atravesaban crisis económicas y políticas. La respuesta exigía ampliar la concepción del poder más allá de los gobiernos, los tribunales, la policía y el ejército. En las sociedades modernas, observó, la dominación también depende de la capacidad de presentar determinados intereses particulares como si fueran intereses generales. La hegemonía designa precisamente esa forma de dirección política, intelectual y moral mediante la cual un grupo social consigue que amplios sectores acepten como legítimo un determinado orden.

Esta perspectiva otorgó una importancia decisiva a las instituciones culturales. La escuela, la prensa, las organizaciones religiosas, las asociaciones civiles y los espacios de producción intelectual participan en la formación de valores, creencias y concepciones del mundo. No actúan necesariamente como instrumentos coordinados de una misma autoridad, pero contribuyen a establecer los límites de aquello que una sociedad considera razonable, deseable o posible. Para Gramsci, el poder se reproduce tanto mediante mecanismos coercitivos como mediante relaciones de consentimiento construidas históricamente.

El concepto de hegemonía también modificó la manera de comprender el papel de los intelectuales. Gramsci cuestionó la idea de que constituyeran un grupo completamente separado de las relaciones sociales y distinguió entre intelectuales tradicionales e intelectuales orgánicos. Estos últimos participan en la organización y articulación de los intereses de determinados grupos sociales, contribuyendo a elaborar sus ideas y a construir formas de dirección colectiva. La actividad intelectual, por tanto, no quedaba restringida a universidades o círculos académicos: también comprendía la organización política, el periodismo, la educación y las prácticas culturales.

La experiencia de las sociedades europeas llevó a Gramsci a distinguir entre la conquista inmediata del poder estatal y los procesos prolongados de transformación social. Mediante la noción de guerra de posiciones, describió una estrategia de construcción de fuerzas dentro de una sociedad civil compleja, donde las instituciones y las organizaciones poseen una capacidad considerable de resistencia. Frente a la expectativa de que una crisis económica provocara automáticamente una transformación política, sostuvo que era necesario construir nuevas relaciones de dirección cultural y alianzas sociales. Su reflexión sobre el bloque histórico vinculaba las condiciones materiales de una sociedad con sus instituciones, prácticas e ideas.

La hegemonía, sin embargo, no constituía para Gramsci una condición permanente ni un mecanismo capaz de garantizar obediencia absoluta. Los grupos dirigentes debían renovar sus alianzas, responder a conflictos y reorganizar sus formas de legitimidad. Cuando esa capacidad se debilitaba, podían producirse crisis de autoridad en las que las instituciones conservaban parte de su fuerza coercitiva, pero encontraban mayores dificultades para obtener consentimiento. Esta distinción permite comprender por qué una crisis política no supone necesariamente la desaparición inmediata de las relaciones sociales que sostienen a un determinado orden. 

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