El cervell il·lumina el món amb la seva pròpia sensualitat.



Consideramos el color una cualidad básica del mundo que nos rodea. Pero en el mundo exterior, el color en realidad no existe.
Cuando la radiación electromagnética impacta en un objeto, parte de ella rebota y es captada por nuestros ojos. Podemos distinguir entre millones de combinaciones de longitudes de onda, pero todo esto se convierte en color sólo dentro de nuestra cabeza. El color es una interpretación de longitudes de onda que sólo existe internamente.
Y el fenómeno es aún más extraño, porque las longitudes de onda de las que hablamos pertenecen tan sólo a lo que llamamos “luz visible”. Un espectro de longitudes de onda que va del rojo al violeta. Pero la luz visible constituye tan sólo una diminuta fracción del espectro electromagnético, menos de una diez billonésima parte. Todo el resto del espectro -incluyendo las ondas de radio, las microondas, los rayos X, los rayos gamma, las conversaciones por móvil, el wifi, etc.- en este momento fluye a través de nosotros sin que nos demos cuenta. Y ello ocurre porque no poseemos receptores biológicos especializados para captar esas señales de otras partes del espectro. La porción de realidad que vemos está limitada por nuestra biología. (77)
El mundo real no está lleno de ricos sucesos sensoriales, sino que es nuestro cerebro el que ilumina el mundo con su propia sensualidad. (78)


David EaglemanEl cerebro. Nuestra historia, Anagrama, Barcelona 2017

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