Democratures.




La filosofía tiene un vínculo originario con la polis. Hace 2,500 años Sócrates dijo a Fedro: “No me gusta estar en la campiña porque los árboles no me dicen nada; me dicen mucho más una plaza, una calle, un camino de la ciudad donde encuentro a las personas con las cuales puedo dialogar.”

El lugar de la filosofía no es la naturaleza exterior sino la polis, que es, entonces, el espacio de la política. Esto lo sabemos, pero después hay un campo de tensión: la filosofía no puede ser una ideología al servicio de la voluntad del pueblo.

Tiene que haber una proximidad distante del espacio público de la polis. El filósofo es un ciudadano pero, en cuanto filósofo, tiene una disorganicidad constitutiva con el poder. Él no es un intelectual que tiene un papel público; el filósofo es un pensador crítico radical, y debe guardar siempre una distancia frente a cada forma de poder. Su libertad es la de no ser orgánico; un intelectual puede serlo, pero un filósofo no.

La democracia deliberativa es un tema de mi amigo y colega Jürgen Habermas, y es muy importante porque el riesgo de las democracias, sobre todo en Europa y en Estados Unidos, es que se transformen en lo que Predrag Matvejević denominaba “democraturas”, que formalmente son democracias pero que solo tienen elecciones, y después nada.

En realidad una democratura es una mutación genética de la democracia, que se transforma solo en un medio de poder: no el voto como una expresión de la voluntad popular sino como medio de poder, donde hay una represión suave del disenso y de la crítica, y aunque haya una minoría fuerte, no juega nunca más ningún papel porque cuenta solamente el partido que gana.

Tenemos la necesidad de una democracia que no sea más una democratura sino, como dijo Maquiavelo, una república ardiente, en la que haya un gusto, una percepción de que para nuestra vida tiene sentido hacer política, pero no en el sentido de cargarse de cuestiones individuales y circulares, aunque la acción política puede ser una extraordinaria terapia para los problemas individuales de la vida.

Ariel Ruiz Mondragón, entrevista a Giacomo Marramao: "La filosofía no puede ser una ideología al servicio de la voluntad del pueblo", Letras Libres 01/12/219

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