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Tot per una llaminadura.

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En uno de los pasajes más célebres de la Odisea, Homero nos cuenta cómo Ulises, advertido por la diosa Circe del nefasto destino que aguarda a todo aquel insensato que ose escuchar el hipnótico canto de las sirenas -ser devorado vivo-, ordena a sus marineros que se tapen los oídos con cera caliente mientras a él lo aseguran con cuerdas al mástil. Gracias a este ardid, Odiseo se convirtió en el único mortal que escuchó el canto de las sirenas y vivió para contarlo. Aunque hoy esta escena es más probable que evoque la saga de Cincuenta sombras de Grey que la guerra de Troya, lo cierto es que apunta a una profundísima a irrefutable realidad de la naturaleza humana: que en el preciso instante de la tentación, si no hemos planificado contra ella con suficiente antelación, no habrá recurso que nos salve de caer en sus garras. Éste es uno de los factores más fundamentales en nuestras vidas. Al menos, con acuerdo a medio siglo de trabajo científico sobre la tentación y nuestra capacidad para ...

El factor puaj i l'ètica.

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Haidt escribe en su libro  La mente de los justos  que planteó estos escenarios para poner a prueba nuestras intuiciones morales, y la respuesta de mucha gente consistía en inventarse una víctima para justificar su creencia de que había algo que estaba mal. Por ejemplo, sugerían que podíamos enfermar al comer al perro, cosa que quizás sea posible, pero no tiene que ver con el escenario. La pregunta es si está mal desde un punto de vista ético y da igual si la carne no nos gusta o nos sienta mal. ‌ Lo que vio es que había un rechazo instintivo y luego, a posteriori, un intento de racionalizar este rechazo, de buscar una explicación que justificara la creencia inicial. No era un razonamiento en busca de la verdad, sino en apoyo de la reacción emocional. ‌ Los experimentos de Haidt dan la razón a David Hume, que hace 250 años escribía en su  Investigación sobre los principios de la moral  que la razón no manda sobre la emoción, sino que es al revés. La razón sirve para ...

La guerra d'Espanya (Simone Weil)

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Carta a Georges Bernanos [1] (¿1938?) Estimado señor: Por ridículo que resulte escribirle a un escritor que, dada la naturaleza de su profesión, siempre está inundado de cartas, no puedo evitar hacerlo después de leer   Los grandes cementerios bajo la luna.   No es la primera vez que un libro suyo me conmueve: el   Diario de un cura rural   es a mis ojos el más bello, al menos de los que he leído, y verdaderamente un gran libro. Sea como fuere, el hecho de que me hubieran gustado otros libros suyos no me daba motivos para importunarlo comunicándoselo por escrito. Pero algo distinto ocurre con el último: yo he tenido una experiencia que se corresponde con la suya, aunque mucho más breve, menos profunda, situada en otro lugar y vivida aparentemente –solo aparentemente– con un espíritu por completo distinto. Aunque no soy católica –lo que voy a decir, dado que no lo soy, sonará sin duda presuntuoso para cualquier católico, pero no puedo expresarme de otra manera–, lo ci...

La hipòtesi MOI (La hipòtesi de la Identidad Ment-Objecte)

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Debemos ser muy cautelosos en la forma en que formulamos nuestras preguntas, ya que la naturaleza de su formulación a menudo impide ciertas respuestas. Cuando todas las respuestas parecen insuficientes, nos corresponde dar un paso atrás y reevaluar tanto la pregunta como su presentación. Esto es particularmente cierto en el caso de las indagaciones sobre la conciencia. Tal cuestionamiento presupone que la consciencia es un fenómeno que existe más allá de la descripción física estándar. Como resultado, queda relegado a ser una ilusión o un mero epifenómeno: si no lo fuera, no sería ajeno al relato estándar. Esto lleva a una conclusión evidentemente absurda. Para salir de este callejón intelectual sin salida, debemos revisar la pregunta original: ¿por qué buscamos comprender la conciencia? La respuesta está en reconocer que la consciencia es una solución defectuosa a un problema inexistente: a saber, cómo es posible que algo (un cuerpo, por ejemplo) experimente otra cosa (un objeto) que ...

La disputa entre Voltaire i Rousseau.

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Rousseau Tot s'oposa als dos escriptors, començant pel seu naixement. El primer, de nom real Jean-Marie Arouet, va néixer l'any 1694 en el si d'una família burgesa i després va rebre una bona educació abans de demostrar-se en els cercles llibertins i anticlericals de l'època de la Regència. Poeta d'èxit, la seva impertinència li va valdre l'exili a Anglaterra i el descobriment de les pràctiques democràtiques d'aquest país. De tornada a França, va tornar a l'èxit amb les seves Cartes angleses . Àvid d'honors, freqüentà la Cort de Versalles, esdevingué l'historiògraf del rei Lluís XV i entrà a l'Acadèmia francesa en 1746. Voltaire es relaciona amb el rei Federic II de Prússia, un "dèspota il·lustrat". Així s'anomenaven al segle XVIII els sobirans absoluts que s'enorgulleixen de la filosofia i la filantropia. Implacable contra els seus rivals, Voltaire atrau la bona voluntat de la burgesia intel·lectual reservant la majoria del...

Voltaire contra Rousseau.

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Voltaire L'opposition idéologique et personnelle entre Voltaire i Rousseau connaît son point culminant en 1755 suite à la publication par Rousseau de son  Discours sur l'origine et les fondements de l'inégalité parmi les hommes . Dans ce texte, il présente l'homme comme naturellement bon mais perverti par la civilisation, exalte l'état de nature originel et voit dans la naissance du droit de propriété la source de tous les maux. Voltaire lui adresse une lettre remplie d'une ironie féroce : « J'ai reçu, Monsieur, votre nouveau livre contre le genre humain ; je vous en remercie ; vous plairez aux hommes à qui vous dites leurs vérités, et vous ne les corrigerez pas. Vous peignez avec des couleurs bien vraies les horreurs de la société humaine dont l'ignorance et la faiblesse se promettent tant de douceurs. On n'a jamais employé tant d'esprit à vouloir nous rendre Bêtes. Il prend envie de marcher à quatre pattes quand on lit votre ouvrage. Cependant,...

Kant, el deure i Déu.

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... tras haber negado toda posibilidad de llegar a Dios a través del conocimiento, lo cierto es que Kant sí aventuró que podríamos tener algo que ver con Él en otra esfera humana: la ética. Para ello, lo primero que había que constatar es que a menudo nos topamos con obligaciones por ahí que parecen absolutas, irremisibles, categóricas. Imagine usted, amigo lector, que yo le ofreciera a usted (y usted supiera que yo tengo poder para cumplir con mi oferta) algo inaudito: aliviar todas las penas del mundo, eliminar todos los sufrimientos presentes o futuros, desde este preciso instante. Y ello a cambio de cumplir un solo requisito: someter también ahora a tortura, y durante un par de horitas, a un señor chino cualquiera que, por supuesto, jamás descubrirá que fue usted quien le abocó a tales tormentos. (Quien sepa de literatura portuguesa habrá notado que estoy retomando aquí un viejo argumento de Eça de Queiroz ). Y bien, ¿no es ese pacto tremendamente ventajoso? Solo un par de horitas ...