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Rebaixes i dopamina.

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Lucía Camín , directora de Alcea Psicología , explica a Público que los descuentos activan el llamado circuito de recompensa cerebral , que al liberar dopamina , provoca sentimientos de bienestar y placer. "Las compras pueden ser en realidad una compensación emocional a los estados de ánimo negativos. Si estamos estresados, tristes, o cansados, el placer activado en la compra puede suponer una fuerte gratificación, que nos consuela u ofrece algo de aparente bienestar", apunta la psicóloga. Sin embargo, tras la compra, es frecuente que las personas sientan culpa o remordimientos por gastar dinero en algo innecesario. "Esto desgasta mucho la autoestima, porque la persona empieza a verse como alguien sin control o poco responsable, cuando en realidad está intentando regular una emoción que no sabe gestionar de otra manera. La compra impulsiva no trata de objetos, trata de emociones. Y cuando aprendemos a escuchar lo que estamos sintiendo, muchas veces deja de ser necesaria...

Una moral sense sort.

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La suerte está presente en nuestras vidas de modos muy diversos, hasta el punto de que resulta difícil imaginar un mundo sin ella. (…) Los talentos, las capacidades o incluso los logros intelectuales admirables en las personas dependen en gran medida de la biología, el desarrollo y la formación, el ambiente social, las oportunidades, etcétera, que cada cual se encuentra. Asimismo, tampoco podemos controlar estrictamente el resultado de nuestros planes. De hecho, la suerte es importante para la práctica totalidad de aspectos de nuestras vidas, incluyendo el éxito de nuestros proyectos y nuestra felicidad. Pero, con todo, cuando se trata del juicio moral tendemos a considerar injusto que la suerte pueda inmiscuirse. Nos revolvemos contra la idea de que la suerte pueda afectar nuestras valoraciones morales, o la consideración moral que una persona merece, o influir en su responsabilidad moral. Parece que la moral es una esfera singular, por lo menos en cuanto a su inmunidad a la suerte, y...

L'ascens inevitable d'una minoria.

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Robert Michels Imagineu un món on la corrupció política no és només una falla moral, sinó unes poques "pomes podrides" a dalt. Imagineu-vos si l'estructura mateixa dels nostres esforços col·lectius, per molt noble que sigui la seva intenció inicial, canalitza inevitablement el poder a les mans d'uns pocs escollits. Sovint ens expliquem una història reconfortant: substituïu els cobdiciosos pels bons, i el sistema es curarà. Però el 1911, un sociòleg alemany anomenat Robert Michels va oferir una contranarrativa esgarrifosa, desmantellant aquesta esperança amb una observació terroríficament precisa. Michels no només va suggerir que el poder es concentra perquè les persones són inherentment malvades; va argumentar que passa perquè l'eficiència ho exigeix. Va anomenar això la " Llei de ferro de l'oligarquia ". És un concepte que ens obliga a afrontar una veritat incòmoda: fins i tot els moviments de base més democràtics, nascuts d'intencions pures i v...

La democràcia espanyola i el llegat del felipisme.

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González utilizó sus mayorías parlamentarias para incumplir el mandato popular de 1982 y preparar el desembarco en 1996 de la derecha , que se encontró con casi todo el trabajo ya hecho. En esos catorce años, el   felipismo   había dejado las cosas atadas y bien atadas. La democracia realmente existente que tenemos no fue obra ni de Franco ni del rey Juan Carlos o no solamente; fue obra, por acción o por omisión, de Felipe González. Así que podría decirse que las amenazas ahora a la democracia en España confluyen desde dos fuentes: una “ola” planetaria en un mundo globalizado y altamente tecnologizado; y una derecha local que regurgita el "mal español" mientras reedita, con conciencia o sin ella, el modelo de Felipe González. Me atrevería incluso a decir esta barbaridad: si nos fijamos bien, el ayusismo , esa combinación de neoliberalismo , populismo y chulería, es más heredero del felipismo que del franquismo. Es, digamos, el felipismo del siglo XXI. Y si Pedro Sánchez ...

Les cinc edats cerebrals.

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Tras comparar los cerebros de más de 3.800 personas de entre cero y 90 años a través de resonancias magnéticas que mapean las conexiones neuronales , los científicos encontraron esos cuatro puntos de inflexión que marcan el principio y el fin de   las edades del cerebro . El hallazgo no es menor, sobre todo, si se tiene en cuenta que la forma en la que el cerebro está conectado está relacionada con trastornos neurológicos , mentales y del neurodesarrollo . “Al comprender los puntos de inflexión clave, podremos entender mejor a qué es más vulnerable el cerebro a diferentes edades. Cuanto más aprendamos sobre los cambios esperados en las conexiones cerebrales a lo largo de la vida, mejor podremos distinguir qué se considera un cambio saludable y típico de los signos de algo relacionado con   una enfermedad   o un trastorno”, explica Alexa Mousley , autora del estudio. El primer punto de inflexión que han localizado los investigadores se sitúa en torno a los nueve años. Has...

Scroll

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Levantamos el móvil para mirar un mensaje y, cuando queremos darnos cuenta, han pasado 20 minutos. O una hora. Hemos recorrido sin rumbo un torrente de vídeos y noticias que ya ni recordamos. Nos prometemos que mañana será distinto, pero volvemos a caer. No es falta de voluntad, es diseño.   Las redes sociales  están hechas para mantener cautiva nuestra atención, sin principio ni final, sin paradas naturales, como el final de un capítulo de un libro o de una película. Este ejercicio de deslizar la pantalla del móvil — scroll , en su término en inglés— nos distrae o entretiene, pero a la vez nos empuja a un sinfín de estímulos que nos agota y, lo que es peor, daña nuestra atención. La pedagoga y divulgadora de neurociencia   Marta Romo   alerta de ello en su inspirador libro   Hiperdesconexión   (Roca Editorial, 2025): “El   scroll   funciona como una máquina tragaperras. No sabemos cuándo aparecerá ese vídeo que nos haga reír o esa noticia que nos...

Entre la hipocresia i el nihilisme (Santiago Alba Rico)

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La infancia son estas dos cosas: el juego y la nada. O el juego o la nada. Identificamos sin razón el juego con la improvisación, la espontaneidad, la travesura. No es así. El juego son reglas y los niños, lo sabemos, se toman muy en serio las reglas. Puede que se las hayan inventado ellos, pero exigen su cumplimiento con perentoriedad kantiana . “¿Vale que naufragábamos en una isla desierta y construíamos una cabaña y Alberto era un monstruo que intentaba devorarnos y venía Ana y nos salvaba?”. En este “¿vale?”, fundación natural de la literatura misma, se expresa toda la solemnidad que   los niños confieren a la ficción. Cuando se deja de jugar, se recae en la nada. La nada son las pulsiones primarias: el deseo de comida, de sexo, de territorio exclusivo; es decir, de poder. Y el miedo a no tener comida ni sexo ni territorio; es decir, a la impotencia. Cuando se deja de jugar, de noche en la cama, el deseo y el miedo se apoderan, como depredadores caníbales, de nuestras almas. Si...