Només l'Eros escapa al càlcul.

Andar por lo no transitado es el único camino al erotismo. Lo dicen los terapeutas sexuales, pero también los filósofos, los que intentan entender la política más allá del instante electoral. La filosofía es la traducción de Eros a Logos, apunta nuestro pensador contemporáneo de cabecera, el coreano-alemán Byung-Chul Han. Algo así como impregnar de amor la razón, ¿no?

Dicen que Sócrates era convincente porque sus palabras tenían la fuerza erótica de la seducción. Filosofía erótica, sí.

La política actual, en cambio, no suele traducir más que mezquindad encorbatada o caverna. Eso, hasta que aparece un uruguayo en alpargatas al que en su pueblo llaman filósofo y todos se piden uno así para presidente de su propio país. José Mujica, el estadista en boga, es capaz de ir más allá del oportunismo electoral y decir cosas que se parecen a la verdad y en la verdad está el amor, claro.

En la vieja Europa, erótica electoral parece que hay poca. Y fantasía, ninguna, si uno piensa en las máscaras institucionales europeas (despojadas de la sugerencia del antifaz de nuestra infartante Venus), sobre una escenografía de Bruselas o Estrasburgo que ya no tapa el agujero negro del escenario del poder verdadero.

Cama y desacuerdo político, hmmm, eso sí suele haber..

Por cierto, a propósito del estreno de la película Viva la libertá, que bien podría transcurrir en París, La Haya o Madrid y que habla justamente de lo ligada que está esta política de oficina a la falta de libido y de atrevimiento vital, a ver quién osa hoy reírse de los italianos y sus políticos.

Dicho esto, y a cuatro días de las elecciones menos ilusionantes de los últimos años, ¿alguien se siente atraído por algo que diga en los carteles o por alguien que semi-sonría para la foto en los carteles? ¿O vamos a ir a votar con una pinza en la nariz, rapidito y solo porque muchos sabemos lo que es una dictadura y todavía nos impulsa esa nostalgia de alguna democracia?

"La acción política como un deseo común de otra forma de vida, de otro mundo más justo, está en correlación con el Eros en un nivel profundo –sugiere Han–. La política actual, que además de carecer de valentía se desarrolla por completo sin Eros, se atrofia para convertirse en un mero trabajo. El neoliberalismo lleva a cabo una despolitización de la sociedad y en ello desempeña una función importante la sustitución del Eros por sexualidad y pornografía".

A años luz de Sócrates están nuestros candidatos de este domingo (para reírse un rato en lugar de llorar, recomiendo escuchar el Todo por la radio dedicado a las elecciones europeas). Si Eros es la condición del pensamiento, la pornografía es la falta de tacto, viene a decirnos Han, sobre estos tiempos en que la razón está debilitada porque le falta el amor: "El Logos carece de vigor sin el poder del Eros".

Oportunísimo, entonces, el estreno de Viva la libertá, la película del italiano Roberto Andó, con el actor del momento Toni Servillo y con Valeria Bruni Tedeschi (no confundir con Carla, su hermana, y ex primera dama de la República Francesa), que narra con buen sentido del humor un rato de miseria política italiana y sugiere una posibilidad de resurrección, a través de la locura, o de la verdad de la locura. Y allí queda claro también que lo que hace resucitar la pasión política también activa la libido (la consiguiente creatividad), la espontaneidad y la posibilidad de amar. O, de otro modo: el único que puede representar a su pueblo con sinceridad es quien se atreve a la vida, a los afectos y, por supuesto, a tener un cuerpo, a sentirlo y a usarlo..

Hay en esta película una escena en que una niñita con mucho desparpajo le cuenta al político narcisista, acabado y deprimido, que ha visto El último tango en París de Bertolucci, aunque agrega que seguro que a él eso del sexo no le va nada.

Lo mismo pensaba el otro día, mientras -desde el autobús por La Castellana de Madrid- observaba los gestos de los carteles y el primer plano tan de mentira de los candidatos a representarme. Pensaba: "este señor, de sensaciones de vida verdadera, poco". Y es que hasta en la mueca de escayola se les ve el cálculo.

"El Eros que, según Platón, dirige el alma, tiene poder sobre todas sus partes: deseo (epithymia), valentía (thymos) y razón (logos). Cada parte del alma tiene su propia experiencia del placer e interpreta lo bello de forma propia en cada caso. Hoy (…) las acciones pocas veces están impulsadas por el valor (…) Sin Eros degenera también el logos (la razón), que se convierte en un cálculo dirigido por datos, sin capacidad de prever el acontecimiento, lo incalculable. El Eros no ha de confundirse con el deseo. Es superior no solo al deseo, sino también a la valentía. Lo incita a producir bellas acciones. El thymos es el lugar donde puede existir contacto entre el Eros y la política", escribe Han.

Solo Eros escapa al cálculo. Por eso, muy de vez en cuando, las mujeres, como si hubiéramos dado con una fórmula matemática imposible, cuando nos enamoramos y nos sentimos correspondidas exclamamos: "el amor existe" (y sabemos que eso amplía significados y nos saca de la especulación prosaica). Y por eso algunos hombres, como André Breton, son capaces de reconocer que "el único arte digno del hombre y del espacio, el único capaz de conducirlo más allá de las estrellas (…) es el erotismo".

Anne Cé, Erótica electoral, blogEros, 22/05/2014

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