Sense respecte (Byung-Chul Han)


SIN RESPETO: UNA CRISIS SOCIAL [RUSTICA] | HAN, BYUNG-CHUL | Akira Comics - libreria donde comprar

El respeto se dirige hacia el otro. Significa, de hecho, tener consideración hacia el otro. La percepción, la acción y la comunicación basadas en el respeto requieren de atención hacia el otro, un otro cuya presencia les es inherente como fuerza constitutiva. El respeto necesita conocer y reconocer al otro en su otredad. La falta de respeto que hoy en día sentimos como elemento latente en cualquier lugar y que a menudo degenera en agresión contra el otro constituye el reflejo de una profunda crisis social. El respeto como elemento de cohesión de la sociedad se está erosionando.

Hoy apenas tenemos consideración hacia el otro. Nos cuesta prestarle atención, integrarlo en nuestra percepción, en nuestro pensamiento, en nuestro comportamiento y en nuestros actos; incorporarlo, en definitiva. Percibimos al otro como un objeto que está ahí para satisfacer nuestras necesidades o bien como un obstáculo que frena nuestro avance. Cada vez apartamos más nuestras energías libidinales del otro y las desviamos exclusivamente hacia nuestro propio ego. La acumulación de libido narcisista nos ciega y nos impide ver al otro.Para crear un vínculo profundo con ese otro se requiere de responsabilidad, que evita que podamos eludirlo a nuestro antojo. La responsabilidad para con el otro nos obliga a responder. La ausencia de responsabilidad equivale a la ausencia de respeto. La práctica que se conoce como ghosting es el espejo de una sociedad sin respeto en la que el otro ya no es más que un objeto reemplazable. El ghosting, en el que des-cuidamos y desechamos sin más al otro como un objeto inservible, dice mucho acerca de nuestra escasa atención hacia los demás. La responsabilidad, el respeto y la atención se condicionan mutuamente.

Una sociedad sin vínculos reales y profundos es, de hecho, una sociedad fantasmagórica. La comunicación digital, unida al narcisismo, debilita enormemente el vínculo con el otro. En una carta que escribió a Milena, Kafka advertía de que la correspondencia había traído al mundo un horrible trastorno de las almas. Según Kafka, la carta supone establecer una relación con espectros. Los besos escritos no llegan a su destino: por el camino, los espectros los atrapan y se los beben. En cierto modo, es como si se hiciera ghosting al receptor de la carta. Pues bien, la comunicación digital resulta aún más fantasmagórica que la comunicación postal. Los espectros digitales nos roban por completo la presencia del otro. Así, nos convertimos en fantasmas los unos para los otros. Nos hacemos ghosting los unos a los otros.

La atención obsesiva hacia uno mismo provoca que la atención hacia el otro se esfume progresivamente. Incluso el cuidado del otro, un elemento fundamental del “ser-con” otros, está adoptando la forma de autocuidado (self care). La autoobservación y la autoafirmación forzosas arrasan los espacios del respeto entendidos como espacios del otro en los que el yo da un paso atrás en beneficio de los demás. Así, vivimos los unos contra los otros o nos cruzamos con los demás, pero sin encontrarnos realmente con ellos. El aislamiento y el narcisismo destruyen la empatía. Y el sentido comunitario se desmorona.

El otro al que se presta atención no es un competidor ni un enemigo del que debamos defendernos o al que tengamos que vencer. En las relaciones basadas en la competencia, el otro no se percibe en su otredad, sino en su mismidad. Solo en una relación de respeto podemos percibir al otro específicamente en su otredad, en su particularidad. La atención hacia el otro se diferencia en su esencia del estado de vigilancia que caracteriza a un animal en plena naturaleza (alerta ante la presencia de posibles enemigos) o a un cazador (que intenta atrapar al otro como presa).

El diálogo que se rige por el respeto requiere una atención hacia el otro. [El filósofo austriaco-israelí] Martin Buber lo expresó así: “La verdadera conversación, al igual que cualquier materialización actual de la relación entre los seres humanos, entraña la aceptación de la otredad. Si dos personas intercambian sus pareceres, profundamente distintos, acerca de un objeto, y cada una de ellas pretende convencer a su interlocutor de que su visión es la correcta, desde el punto de vista del ser-con, todo dependerá de si cada cual contempla al otro como la persona que es y, por tanto, lo acepta y lo confirma, sin reservas y con plena voluntad de influencia, en su ser-esta-persona, en su estar-concebido-así”. El respeto permite responder afirmativa e incondicionalmente al otro en su ser-así a pesar de cualquier divergencia de opinión. Puedo decir “no” a las posturas del otro, pero a ese “no” debe precederle un  primordial a su otredad.

Tener presente al otro es fundamental para el respeto. Buber utiliza la expresión “fantasía real” para referirse a la capacidad de representarse al otro en su otredad: “[El proceso de representarse al otro] se basa en una habilidad que todo el mundo posee de alguna manera y que podríamos denominar “fantasía real”. Con ello me refiero a la capacidad de contemplar la realidad existente en este momento, aunque no sea perceptible a través de los sentidos. Aplicada a la relación entre los seres humanos, la fantasía real significa que me imagino aquello que la otra persona quiere, siente, experimenta y piensa precisamente ahora, y no como un contenido que se desprende de ella, sino en su realidad, es decir, como un proceso vital de esa persona”. La fantasía real me descubre el ser-así del otro. Permite “una armonización audaz y poderosa con el otro; una armonización que requiere movilizar de la forma más intensa mi ser”.

El respeto es algo más que una consideración ante otras personas que se encuentran en una posición más elevada. En calidad de atención hacia el otro crea una cohesión social. Hoy en día nos tratamos los unos a los otros sin cuidado, sin consideración, sin pudor. Lo directo y lo pasional prevalecen. El ethos de la gracia no es lo que define nuestra convivencia. Ya no se valora lo indirecto como lo “inimitable” del ser humano. En las redes sociales no se aplica el máximo cuidado, sino que se infligen las máximas heridas y ofensas. En estos espacios se premia la desinhibición, que consigue captar aún más la atención. Las pasiones toscas dominan la comunicación. Y esa comunicación apresurada reprime cada vez en mayor medida lo discreto, lo indirecto, que requiere tiempo.

También el respeto necesita tiempoPero no tenemos tiempo para el respeto.

Byung-Chul Han, La acumulación de libido narcisista nos impide respetar al otro, El País 20/09/2026


, El País 20/09/2026

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