Slopaganda.
Durante años nos ha preocupado (y aún nos preocupa) la desinformación. Hoy deberíamos preocuparnos por algo más sutil y, quizás, más corrosivo como es la irrelevancia. La elección de slop como palabra del año 2025 por el diccionario Merriam-Webster no es solo una etiqueta lingüística, sino un síntoma cultural. Define ese contenido digital de baja calidad generado masivamente por inteligencia artificial que inunda nuestras pantallas con apariencia de normalidad. Y el problema no es únicamente la basura generada que consumimos sin criterio. Es la anestesia. El slop no busca convencer, como buscaba la propaganda clásica . Tampoco necesariamente engañar. Su fuerza radica en la saturación. En ocupar el espacio cognitivo hasta agotarlo. En este nuevo ecosistema, la abundancia no amplía el conocimiento: lo diluye. Y en esa disolución, nuestra capacidad crítica no desaparece; simplemente se vuelve innecesaria. Estamos transitando entonces de la “economía...