Fernando Aramburu: "si el dolor es agradable, ¿es dolor?.

 
Casi todas las bofetadas que recibí de niño fueron por mi bien. Un poco más y llego a la edad adulta convertido en un santo desfigurado.

Desconfío de los tiburones que no entrañan peligro. Si no son peligrosos, ¿para qué son tiburones?


Comprendo el fanatismo religioso. ¿Cómo va a creer uno razonablemente en algo que debe manifestarse a toda costa aunque no exista?


He aprendido que en la vida sólo hay un triunfo digno de tal nombre: la alegría. 

Mentir a todas horas da mucho trabajo, compromete la reputación, ensombrece los logros obtenidos. El gobernante se ahorrará multitud de molestias si evita la mentira por el infalible procedimiento de abolir la verdad. 

¿Ninguno se anima a escribir un libro contra la lectura? Yo lo leería seguro y, pasados unos años, si está bien escrito, lo volvería a leer.

Pienso mejor cuando escribo. Por regla general, el ruido de la palabra hablada me distrae, me arrastra a zonas inconsistentes de pensamiento, me llena la mente de espacios en blanco. Concibo un mundo en el que nos comunicáramos exclusivamente por medio de notas escritas.

No suelo hacerme adepto de las utopías sino después de haber estudiado detenidamente el catálogo de castigos previstos para los disidentes.

Se me hace a mí que algunos se empeñan en hablar por el orificio equivocado.

Si el dolor es agradable, ¿es dolor?

El olor a sudor no es garantía de pertenencia a la clase obrera.

Los géneros literarios existen. Prueba de ello es que con el tiempo desaparecen.

Maldita sea, me abandonasteis a mi suerte por el simple hecho de que elegí la soledad.

Si el mundo te causa insatisfacción y deseas cambiarlo te convendría conocerlo, y para ello no te queda más remedio que resignarte a su complejidad. Cambiar el mundo presupone, por tanto, una suma de conocimientos que sólo unos pocos sabios alcanzan. El resto simplemente dispara a ciegas.

No podemos vivir en una época sin pertenecer a ella. A tal punto nos determina el tiempo de nuestra formación y experiencia que, incluso en soledad, estamos impedidos de no ser contemporáneos. Por mucho que nos empeñemos en ser antiguos o futuros, inevitablemente lo seremos a la manera actual de ser antiguos o futuros.

El dinero gobierna gobiernos.

Los mayores crímenes de la humanidad fueron cometidos en nombre de valores eternos. Este mundo nuestro sería sin duda más acogedor y más tranquilo si desde la infancia estuviésemos instruidos en el hecho seguro de nuestra corta duración. A fin de mejorar la calidad de la persona, soy partidario de añadir la muerte al resto de asignaturas escolares.

Esos días grises de noviembre, fríos, húmedos, tristes, en los que uno tiene alma aunque no quiera.

La diferencia entre el defensor de una causa y el malvado a secas es que de este último cabe al menos esperar que alguna vez se le canse el brazo.


Las enfermedades, como los viajes, rompen la rutina diaria. Estar enfermo es otra forma de conocer mundo.

No he vuelto a tomarme en serio la religión desde el día en que, acompañado de unos familiares, un sacerdote nos regó con el hisopo.

Fernando Aramburu, Pequeña magnitud, Babelia. El País, 05/01/2012

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