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Revolució i democràcia.

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Ni que decir tiene que el viejo lema «Todo el poder para los sóviets» fue traicionado desde el primer día de la revolución. O, mejor dicho, que el golpe de Estado bolchevique que nos hemos acostumbrado a llamar «revolución» se produjo, en buena medida, porque mencheviques y socialistas radicales obtenían más representantes para los sóviets que los propios bolcheviques. Pero Lenin tenía razón en una cosa: si quieres transformar en poco tiempo y radicalmente una sociedad, convencido de tu derecho «histórico» a hacerlo, no puedes entretenerte con los procedimientos democráticos y los derechos individuales; tienes que tomar el poder y ejercer la represión y la coerción necesarias hasta lograrlo. Por más que Hannah Arendt nos hable de revolución y libertad, aceptando incluso un cierto uso de la violencia si está destinado a constituir un régimen democrático, las revoluciones tienen una relación problemática ‒cuando no antagonista‒ con la democracia y la libertad. Tras una revolución...

Revolució i patiment

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Ya se dijo que, al igual que sucede con el cristianismo, en la estructura narrativa del bolchevismo esta recompensa siempre aplazada   justifica   el sufrimiento que haya de padecerse mientras tanto: de la sima, algún día, a la cima. Y nótese que esa justificación es teorizada por el partido e interiorizada por las víctimas, al menos mientras esa ilusión pueda mantenerse viva antes de revelarse como mero espejismo. Una justificación de orden teleológico, además, que puede extenderse a los distintos campos de la acción revolucionaria: desde el Sartre que afirma en 1954 que «la libertad de crítica en la Unión Soviética es total» al terrorismo ideológico de los años setenta, capaz de justificar la muerte de alguien por servir a los fines de la revolución. Es precisamente en este contexto en el que cobra sentido la conocida frase de Albert Camus que dice que, entre la justicia y su madre, él elige a su madre. Camus duda de la Justicia con mayúsculas, la justicia revolu...

El jovent.

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El colmo de las paradojas es sospechar que, bajo esta adulación constante de la sociedad hacia la juventud, se esconde el maltrato de los mimos. Es posible que los jóvenes jamás hayan sido más esclavos. Nadie os deja en paz. Nunca habéis estado más presionados, más vigilados e invadidos. La sobreprotección y las mil facilidades que se os sirven a diario, aparentemente gratis, es un regalo envenenado para desarmaros y convertiros en dóciles camareros del "Todo a 100" que viene, ese gigantesco low cost que os convertirá en baratos empleados sonrientes. Ignacio Castro Rey , Tres cartas sobre la mutación juvenil de una sociedad senil , fronterad 23/11/2017 http://www.fronterad.com/?q=node/16593

La veritat totalitària (Hannah Arendt)

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Las mentiras de la propaganda totalitaria se diferencian de las mentiras habituales de los regímenes no totalitarios en momentos de emergencia por su constante negación de la importancia de los hechos en general: todos los hechos pueden ser cambiados, y todas las mentiras pueden convertirse en verdad. El sello nazi en la mente alemana consiste fundamentalmente en este adiestramiento, a causa del cual la realidad ha dejado de ser la suma total de los crudos y ineludibles hechos, y se ha convertido en un conglomerado de sucesos y eslóganes siempre cambiantes en el que la misma cosa puede ser hoy verdadera y mañana falsa. De hecho, este adiestramiento podría ser una de la razones de las escasas huellas del adoctrinamiento nazi (algo que resulta sorprendente), así como la falta de interés (también sorprendente) por refutar las doctrinas nazis. Lo que tenemos ante nosotros no es el adoctrinamiento, sino la incapacidad o falta de voluntad de distinguir entre hechos y opiniones. Una di...

Educació, família i gens.

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Ni la libertad ideológica de los padres debería pasar por encima de la de los hijos para formarse sus propias ideas (en un marco educativo plural y crítico como ha de ser el de la escuela pública), ni ninguna familia tiene, que yo sepa, más derecho a adoctrinar a sus hijos que la comunidad de la que estos forman parte como ciudadanos. ¿Por qué habría de tener la familia esa prioridad? Al fin y al cabo, la educación, los valores, la razón y el derecho son más propios de la institución política que es la ciudad que de la estructura más natural que es la familia. Y sí, tal vez no estamos aún preparados para diseñar sus genes, ¿pero no deberíamos, al menos, replantearnos el papel de la familia en la educación y ser más exigentes con el?... Víctor Bermúdez , Genes, familia y educación , el periódico de Extremadura 24/11/2017 http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/genes-familia-educacion_1054964.html

El costum mai no pot expressar una necessitat lògica.

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Cuando observamos un fenómeno causal, del tipo que digamos    “El fenónomeno A es causa de B” , lo único que realmente percibimos es: a) Una   contigüidad   entre el fenómeno causa y el efecto: A y B siempre se dan juntos en el tiempo, no separados por una distancia temporal considerable. Ej.: nada más encender el fuego sale humo. b) Una   prioridad   de la causa sobre el efecto: percibimos que A siempre va antes que B. Ej.: el fuego va antes que el humo. c) Una   unión constante   entre la causa y el efecto: siempre que percibo A percibo B. Ej.: siempre que percibo fuego hay humo. La clave está en lo siguiente:   unión constante no quiere decir conexión necesaria . Nuestro entendimiento tiende a crear expectativas de futuro cuando ve dos fenómenos que se dan parejos en el tiempo. Si cada vez que he visto fuego he visto salir humo, tiendo a pensar que, en un futuro, cada vez que vea fuego, veré humo. Sí, pero el único fundamento ...

L'economia conductual aplicada als polítics.

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Y, evidentemente, las implicaciones de los hallazgos de Thaler no quedan confinados dentro del perímetro de la ciencia económica: si, en determinados contextos, los seres humanos no siempre eligen bien según sus propios criterios de qué es “elegir bien”, entonces puede ser necesario empujarlos a tomar las decisiones que ellos mismos estiman correctas. ¿Cuáles son esos   contextos en los que las personas no eligen bien ? Pues cuando las decisiones que han de tomar son muy complejas e infrecuentes en su día a día y, sobre todo, cuando los costes de decidir mal sólo aparecen en el muy largo plazo. En tales escenarios, lo normal es que la mayoría de las personas escoja mal justamente porque no somos perfectamente racionales y porque carecemos de un perfecto autocontrol. ¿Qué hacer en estos casos? Una opción sería dotarnos de un dictador benevolente que obligara a la gente a tomar decisiones correctas: cercenar la libertad individual e imponer un mandato político universal. Thal...