El detectiu i el filòsof.

True Detectives
El detective de verdad prefiere dejar escapar la vida, con sus certezas perfecta y aburridamente expuestas -matrimonio en falso, alcohol en la nevera...-, antes que un buen caso, repleto de preguntas tan interesantes como difíciles de contestar. Semejante actitud no hace sino confirmar que siempre primará la historia más interesante, sea la propia o la ajena. El público, que mira una pantalla cómodamente sentado, puede dar fe.

Hay más. El escritor, que cuenta la historia del detective, renuncia a focalizar sus líneas en los asesinatos y en las violaciones -rastros de sangre, armas ocultas...-, ya que la presión de la metafísica supera la del cuchillo. Así, el crimen queda en un segundo plano. True Detective gravita en torno a la filosofía, todo un giro copernicano para la ficción televisiva de género policiaco. "Y con ese punto de partida ha podido llegar a una audiencia muy grande. Eso, unido a su calidad y a Matthew McConaughey en el papel de Rust Cohle, la convierten en la serie de 2014", afirma Rubén Hernández, editor de Errata Naturae, que ha publicado un volumen que vincula True Detective con un abanico de influencias que van del pensador Arthur Schopenhauer al escritor Thomas Ligotti. "Invertir tanta cantidad de dinero en una serie que va a hablar de Nietzsche y de Lovecraft es, sin duda, valiente", añade.

"True Detective ha aportado nuevos elementos en el desarrollo de personajes, mucho más complejos de lo que la televisión acostumbra a hacer, y ha usado de forma brillante la atmósfera", reivindica Miguel Salvat, director de Canal+, la cadena que ha emitido la serie en España -ayer mismo la recuperaba en un maratón de la primera temporada-. Queda saber si la segunda temporada marcará igualmente el año 2015.

"Ha sido un fenómeno televisivo original, arriesgado e impactante, anclado en el buen gusto estético y en una sólida plataforma conceptual", cree Iván de los Ríos, director de la Licenciatura en Filosofía de la Universidad Andrés Bello de Santiago de Chile, además de coeditor del libro de Errata Naturae. En su opinión, filosofía y televisión seriada son viejas conocidas. Se sirve de ejemplos tan diversos como Twin Peaks, Northern Exposure, Top of the Lake, Los Soprano y The Wire, que fue alumbrada por David Simon y "se pregunta qué es una ciudad en el marco de las sociedades capitalistas post-industriales". Salvat también señala Life on Mars, Perdidos, Mad Men, House, Dexter... ¿Entonces?

La novedad de True Detective radica en "haber apostado por la presentación explícita, directa y sin rodeos de una voz privilegiada, Rust Cohle, que verbaliza de modo obsesivo una plétora de interrogantes filosóficos de primer orden. La apuesta era intensa, porque es muy sencillo caer en el ridículo cuando perfilas un personaje tan extremo, excesivo y redundante, y es sencillo porque el discurso filosófico explícito tiende a quedar descolgado del entramado narrativo, a sonar como un añadido inútil e inclasificable", destaca De los Ríos.

Tanto la teoría del pensamiento como la práctica de los tiros quedan al servicio de esta historia, extendida en Lousiana durante 17 años, como indica Hernández: "Es una serie muy filosófica, y la filosofía implica la confrontación de ideas, no de pistolas. La gran escena de acción de la serie, un plano secuencia de siete minutos, está justo en el centro de la temporada. Con una planificación memorable, se ve muy clara la dialéctica de la acción y del pensamiento".

La conciencia humana supone "un trágico paso en falso en la evolución"; dejar de reproducirnos, "tal vez la cosa más honesta que pueda hacer nuestra especie". Rust Cohle cree que la vida es "lo suficientemente larga" como para sobresalir en una sola cosa. "Así que escoge bien en qué lo vas a ser", apostilla el hombre que eligió especializarse en psicología criminal. Este detective es un agente brutal cuando se presenta la ocasión, propenso a recurrir a los sedantes y sospechoso de casi todo lo que al espectador se le pueda llegar a ocurrir. Nic Pizzolatto, creador de la serie de la siempre vanguardista HBO, atiborra los ocho episodios de pistas verdaderas y falsas, hasta el punto de que la audiencia no sabe si se encuentra ante héroes o villanos. "Una novela de Agatha Christie de hace 80 años o el Cluedo al que jugábamos de pequeños eran eso mismo. En el cine negro del que bebe Pizzolatto, si la película dura una hora y media, pasas una hora pensando que el asesino es el mayordomo. El autor de True Detective juega con esa estrategia y la desmonta. En la novela negra clásica, el juego del despiste o de los múltiples sospechosos forma parte de la trama, mientras que en esta serie se convierte en un elemento autorreflexivo", sostiene Hernández.

En el guión también se repiten referencias literarias comoel rey amarillo de Robert W. Chambers o la ciudad de Carcosa de Ambrose Bierce -el propio título de la serie está tomado de una revista de relatos-. Hernández lo celebra: "El citacionismo es una de las corrientes fundamentales en los años 80 para la literatura y el arte contemporáneo. En el audiovisual, estas tendencias se diluyeron porque el cine y la televisión son más comerciales y el riesgo de recuperar la inversión es mayor".

Según Schopenhauer, la inercia y la ilusión mantienen el mundo en movimiento. Rust Cohle lo suscribiría letra por letra. De los Ríos resalta la importancia del filósofo pesimista: "En el fondo, el Rust de Pizzolatto es un llorón en términos metafísicos. Un lamento agudo y armado hasta los dientes. Y si uno llora y se lamenta porque nada tiene sentido, entonces, subrepticiamente, está idealizando y anhelando una razón última y un significado trascendental que, sin embargo, no se encuentra por ninguna parte". "Nos cuenta que la consciencia de sí mismo le resulta insoportable, en una vida llena de pesimismo, consumo de alcohol, obsesión por la conducta criminal y odio a todas las instituciones que representan el orden", repasa Salvat.

"La pedantería y la verborrea filosófica de Rust no son gratuitas en True Detective. Hay algo de Thomas Bernhard y mucho de Schopenhauer en el efecto que las parrafadas de Rust tienen en el resto de los personajes y en el espectador, esa sensación de insoportabilidad y rechazo", cree De los Ríos. El personaje de Matthew McConaughey insiste en enarbolar un discurso de tintes nihilistas que exaspera a su compañero de patrulla, Martin Hart (Woody Harrelson), un poli ajeno a la filosofía, incluida, claro, la presocrática. De los Ríos explica el vínculo: "Anaximandro no bebía tanta cerveza ni era tan exagerado como Rust, pero posiciona en el origen de la filosofía occidental la idea del trasfondo insignificante de todo cuanto existe, el ritmo voraz del nacimiento y la muerte que no responde a plan ni designio alguno".

Por eso, las terroríficas obsesiones de H. P. Lovecraft y Laird Barron, entre otros, se dejan palpar en el aire viciado de True Detective, y a su vez quedan recogidas en el libro de Errata Naturae -el trabajo de Barron también ha completado su reciente desembarco en España gracias a la editorial Valdemar-. Esas influencias de ciencia-ficción se ciñen a la forma, tal y como detalla Hernández: "El horror cósmico de Lovecraft está presente en la atmósfera de True Detective, pero no el núcleo del discurso. La serie genera ese ambiente del asedio de una fuerza natural no humana ajena a la lógica. La trama, al final, es más racional".

Nadie había expuesto la filosofía en una serie de televisión con tanta crudeza como Rust Cohle. Tanto es así que algún espectador podría cuestionar por qué un detective se enfrasca en monólogos metafísicos en lugar de limitarse a la búsqueda y captura del asesino de turno. De los Ríos sale en defensa del personaje: "Me llama la atención el grado minúsculo de tolerancia que el espectador medio tiene con respecto al discurso filosófico. Nadie se cansa de las peroratas científicas de los nerds en Big Bang Theory. Nadie se cansa de las peroratas médicas de House (que rayan en el ridículo o del discurso científico-polícial de las producciones estandarizadas del crimen). Nadie parece cansarse de las intrigas sexuales y de los relatos amorosos, pero la filosofía... David Simon diría, 'que se joda el espectador medio'. Pero, claro, David Simon puede decir lo que quiera".

"Jean-Paul Sartre se preguntaba 'por qué el ser y no la nada'. Cualquier libro de Roberto Bolaño habla de la violencia absoluta. Las preguntas filosóficas están en el trasfondo del pensamiento; no sólo de filósofos, sino también de escritores o de cineastas", apunta Hernández. Ahora, es la caja tonta la que se abre, mira hacia las estrellas y se replantea su propia existencia.

Eduardo Fernández, Schopenhauer en la televisión, el mundo.es, 11/01/2015

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