La nostra fascinació per la bellesa.
En la Universidad de Exeter (Gran Bretaña) hicieron un fascinante experimento hace cinco años con cien bebés de tan solo dos o tres días de edad. Les mostraron parejas de fotos de rostros humanos que solo diferían en su atractivo: es decir, unas caras eran más armónicas, más simétricas y más semejantes al aspecto medio de la gente, y otras eran más raras, por así decirlo. Y los bebés, todos los bebés, pasaron más tiempo mirando los rostros convencionalmente bonitos. De lo que los investigadores dedujeron que nacemos orientados hacia la belleza.
Lo cierto es que mostramos una debilidad fatal ante los guapos y una tonta tendencia a suponer infinitas virtudes intelectuales y morales a todas las caras bonitas con las que nos topamos. Por eso resultaba tan inquietante Jeffrey Lionel Dahmer, El Carnicero de Milwaukee, ese famoso asesino en serie norteamericano que, en los años noventa, mató, descuartizó y devoró a diecisiete personas. Pero era bello, rubio, tenía aspecto de ángel. Los bebés hubieran contemplado su cara con plácida insistencia.
Rosa Montero, Cuando los guapos se ponen feísimos, El País Semanal, 03/10/2010
http://www.elpais.com/articulo/portada/guapos/A0ponen/feisimos/elpepusoceps/20101003elpepspor_14/Tes?print=1
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