text 62: Ana Carrasco Conde, No digas “saldremos de esta”





"Más que centrarnos en 'salir de esta' creo que es importante 'saber estar en estas' e incluso 'saber quedarse'. Ante situaciones críticas y tan duras como las que estamos viviendo tendemos a pensar hacia delante y contemplamos con incertidumbre el futuro. Y conjugamos en plural para sentirnos acompañados y en futuro para pensar un término: 'saldremos de esta'. Pero al hacerlo nos colocamos a nosotros mismos en el límite y así, angustiados, tratamos de otear algo que en realidad no podemos ver. O salimos o no salimos, como si estuviéramos en un único camino que nos arrastra y que concluirá de un modo que desconocemos. Es una respuesta normal tener miedo y padecer incertidumbre. Ciertamente estamos inmersos en un movimiento que va tan rápido que parece imposibilitar cualquier posibilidad de acción y reflexión. Por eso reaccionamos ante lo que nos sobreviene. Para afrontar esta situación sugiero tres elementos: detenerse, saber estar y, contraintuitivamente, no tener esperanza".
"En primer lugar propongo cambiar el 'camino del que saldremos' por una 'encrucijada en la que decidiremos'. Así aunque tengamos miedo y estemos preocupados nuestra acción será una respuesta y no una reacción. Detenerse para saber estar implica un segundo elemento: quien se detiene y no se deja arrastrar ni en el camino ni por quien nervioso e impaciente quiere recorrerlo reactivamente, puede dar medida a su presente, saber qué está a su alcance y qué no. Y esta es la gran capacidad de los seres humanos: que pueden medir sus actos y ser prudentes. Y esto se hace en un campo de acción: lo que está a nuestro alcance. Centrarse por ello en lo más cercano y tomar decisiones que den respuestas a lo que queremos y no consistan una reacción ante lo que me pasa. Ir al supermercado en masa es una reacción, no una respuesta. Tras la detención viene nuestra meditada acción y la elección del camino".
"El tercer elemento, completamente contraintuitivo, para afrontar lo mejor posible esta situación de angustia e incertidumbre es no tener esperanza. Del mismo modo que no hay que situarse en el límite de un solo camino, tampoco hay que tener esperanza si es que con ella entendemos algo que ha de venir. Podemos esperar recoger los frutos que hoy sembremos, pero no esperar a que lleguen de un futuro que no es y no hacer nada. Quien espera desespera. Aunque en nuestra tradición occidental, en la que la esperanza es una de las virtudes teologales, se la ha considerado un bien, en realidad para los antiguos griegos -mucho se ha discutido al respecto- bien podría ser un mal: según el mito de Pandora, lo que queda encerrada en el ánfora que contenía todos los males es la esperanza (o espera), así para Eurípides es engañosa. ¿Por qué en la cosmovisión griega la esperanza puede ser entendida como un mal y en la nuestra es indudablemente un bien? Porque quien tiene esperanza espera algo, toma una posición pasiva y reacciona ante lo que viene. La esperanza deviene desesperación e impaciencia, pero si no esperamos nada, si convertimos la esperanza en desesperanza, nos detenemos, analizamos lo que tenemos, actuamos en consecuencia y respondemos".

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