dimarts, 1 de novembre de 2016

Els fets i els marcs de referència (George Lakoff).

Resultat d'imatges de George Lakoff, modelo del padre protector


Los mitos progresistas datan de la Ilustración, y el primero de ellos dice así:
La verdad nos hará libres. Si nosotros le contamos a la gente los hechos, como la gente es básicamente racional, todos sacarán las conclusiones acertadas.

Pero gracias a la ciencia cognitiva sabemos que la gente no piensa de esa manera. La gente piensa mediante marcos. Los marcos del padre estricto y los de los padres protectores fuerzan, cada uno por su parte, una cierta lógica. La verdad, para ser aceptada, tiene que encajar en los marcos de la gente. Si los hechos no encajan en un determinado marco, el marco se mantiene y los hechos rebotan.

La neurociencia nos dice que cada uno de nuestros conceptos —los conceptos que estructuran nuestro modo de pensar a largo plazo— están incrustados en las sinapsis de nuestro cerebro. Los conceptos no son cosas que pueden cambiarse simplemente porque alguien nos cuente un hecho. Los hechos se nos pueden mostrar, pero, para que nosotros podamos darles sentido, tienen que encajar con lo que está ya en las sinapsis del cerebro. De lo contrario, los hechos entran y salen inmediatamente. No se los oye, o no se los acepta como hechos, o nos confunden. ¿Por qué habrán dicho eso? Entonces calificamos el hecho de irracional, de enloquecido o de estúpido. Eso es precisamente lo que ocurre cuando los progresistas «confrontan a los conservadores con los hechos». Tiene escaso o nulo efecto, a menos que los conservadores tengan un marco que dé sentido a los hechos.

Igualmente, muchos progresistas oyen hablar a los conservadores y no los entienden porque no tienen los mismos marcos que ellos. Piensan que los conservadores son tontos.

Y no son tontos. Ganan porque son astutos. Entienden cómo piensa y cómo habla la gente. ¡Piensan! Para eso tienen a los think tanks. Apoyan a sus intelectuales. Escriben todos esos libros. Exponen sus ideas en público.

Ciertamente hay casos en los que los conservadores han mentido. Sin duda. Desde luego, no es verdad que mientan sólo los conservadores. Pero es cierto que la Administración Bush ha dicho mentiras importantes, y mentiras a diario.

Sin embargo, es igualmente importante reconocer que muchas de las ideas que escandalizan a los progresistas son las que los conservadores, desde su punto de vista, consideran verdades. Debemos distinguir entre casos de total distorsión, de mentiras, etc., de aquellos otros casos en los que los conservadores dicen lo que creen que es verdad.

¿Es útil ir a decirle a todo el mundo cuáles son esas mentiras? Para nosotros, no es ni inútil ni perjudicial saber cuándo mienten. Pero recuerda también que la verdad por sí sola no te hará libre. Decir que «el presidente mintió cuando empezó esta guerra» es decir una verdad, pero a mucha gente le resbala. Hay muchas personas en el país que siguen creyendo que Sadam Hussein estaba detrás del 11-S. Hay gente que lo cree porque encaja con su modo de entender el mundo. Encaja con su visión del mundo. Y siendo así, es normal que se lo crean. Siguen creyendo que Sadam Hussein y Al-Queda son lo mismo, y que al hacer la guerra en Irak protegemos a ese país del terrorismo. Lo creen a pesar del informe de la Comisión del 11-S. No es que sean tontos. Tienen un marco y sólo aceptan los hechos que encajan en ese marco.

Uno de los descubrimientos fundamentales de la ciencia cognitiva es aquel según el cual la gente piensa en términos de marcos y de metáforas — estructuras conceptuales como las que se han descrito. Los marcos están en las sinapsis de nuestro cerebro, presentes físicamente bajo la forma de circuitos neuronales. Cuando los hechos no encajan en los marcos, los marcos se mantienen y los hechos se ignoran.


Hay muchos progresistas que creen en una especie de sabiduría popular según la cual «los hechos te harán libre». Bastará con que se puedan presentar todos los hechos ante la mirada pública para que toda persona racional saque la conclusión correcta. Se trata de una esperanza totalmente vana. El cerebro humano sencillamente no funciona así. El enmarcado cuenta. Los marcos, una vez que se atrincheran, es difícil que se desvanezcan.

George Lakoff, No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político (2004), Editorial Complutense, Madrid 2007