dimarts, 6 de setembre de 2016

La lentitud de la raó contra la rapidesa de les emocions.

Resultat d'imatges de rajoy contra sanchez


"El mejor modo de vengarse de un rival es no parecérsele"
(Modificado de Marco Aurelio el sabio, emperador de Roma)

Noche del lunes 14 de diciembre de 2015. El entonces presidente del Gobierno de España Mariano Rajoy, frente a las cámaras de TVE y con todo el país como audiencia potencial, se enfrenta en debate preelectoral al entonces secretario general del PSOE y candidato presidencial Pedro Sánchez. El periodista Manuel Campo Vidal actúa como moderador. En la refriega Rajoy recordó enfáticamente a su oponente la recuperación económica conseguida por el Gobierno durante su actual mandato como presidente, mientras que Sánchez enarboló con contundencia y desmesurada reiteración la bandera de la corrupción en el Partido Popular. Lo que podría haber sido un debate racional y moderado, propio de personas maduras y responsables, navegó progresivamente hacia inusuales y hasta agresivas formas de expresión. El clímax alcanzó su culmen cuando el aspirante Sánchez acusó de deshonesto a Mariano Rajoy, en su cara. Así de claro: "Si usted gana el coste de la democracia es enorme porque el presidente debe ser una persona decente y usted no lo es", le dijo. ¿Cómo debería responder el presidente, o cualquier otro político en su lugar, ante tal acusación?

Por sus intereses electorales y por salir personalmente bien parado de la situación es muy posible que la mejor forma de responder fuese no entrar al trapo de la acusación y en su lugar tratar de cerrar de algún modo y cuanto antes un asunto que para nada convenía al presidente. Así, Rajoy, con inteligencia emocional, pudo haber respondido algo como "Lamento de veras, señor Sánchez, que esa sea la opinión que usted tiene de mí, pues yo, a pesar de la corrupción de su propio partido, creo que usted es una persona equivocada pero honesta que, desde sus ideas y actitudes, que obviamente no comparto, está tratando de defender el bien de nuestra nación".

Una respuesta de esa naturaleza hubiera dejado muy bien al presidente, hubiera desarmado a su oponente y posiblemente hubiera zanjado el tema, porque cualquier insistencia posterior en la acusación por parte de Sánchez probablemente a quien más hubiera perjudicado sería a él mismo. Pero Mariano Rajoy no respondió de ese modo y en su lugar cambió de semblante y con prosodia desmesurada, lentitud contenida y algún que otro balbuceo respondió "Usted va a perder estas elecciones, de una derrota electoral uno se recupera, pero usted no se recuperará de su frase ruin, no se la acepto, ha sido mezquino, deleznable y miserable y no se recuperará nunca de ella". Es decir, el presidente perdió buena parte de su comentada indolencia negando implícitamente la mayor, lo que hizo que Sánchez, en vez de cerrar el asunto, siquiera insistiendo y aportando argumentos a su acusación para no quedar en inferioridad. El debate, a partir de ese momento adquirió una dimensión emocional especial.

La deshonestidad de un político no es algo que pueda resolverse en un debate, por lo que, aun reconociendo su derecho a defenderse, la respuesta del presidente no fue la mejor posible. ¿Por qué no respondió de modo más conveniente? Porque Rajoy es tan humano y de carne y hueso como el mismo Sánchez o cualquiera de nosotros, y cuando estás en un puesto de tan alta responsabilidad como la presidencia del Gobierno de España y te acusan públicamente, ante toda la nación, de algo tan grave como de deshonestidad, es muy difícil, si no imposible, que antes de responder seas capaz de contenerte y darte el tiempo que tu razón necesita para imponerse a tu emoción, a la rabia que sientes en ese momento. La respuesta de Rajoy no fue la más inteligente, pero sí la más humana, y me atrevería a decir que hasta cierto punto comedida, pues es posible que otros en su lugar hubieran respondido con mayor vehemencia y quién sabe si hasta con nuevas e improcedentes acusaciones que hubieran envenenado todavía más el debate.

El caso que acabamos de comentar no es extraordinario. En la vida cotidiana cuando repentina e inesperadamente afrontamos circunstancias comprometedoras o estresantes de cierta intensidad el cerebro emocional queda temporalmente desconectado del racional, es decir, la razón queda desconectada de la emoción. Por decirlo científicamente, la corteza prefrontal del cerebro (razón) queda temporalmente desconectada de la amígdala (emoción). Si en ese tiempo la persona no es capaz de contenerse controlando la respuesta que le pide el cuerpo (la emoción) para darle a la razón tiempo para volver, anular definitivamente la respuesta emocional y aconsejar el modo más conveniente de comportarse, el resultado es inevitable, pues entonces es la emoción quien manda y dirige el comportamiento de las personas.

La razón, en definitiva, es un proceso cerebral y mental lento, necesita tiempo para imponerse y las circunstancias extremas no suelen otorgarlo. Ese es su talón de Aquiles, lo que le impide superar a la emoción en tantas situaciones de la vida. La desconexión funcional entre emoción y razón ocurre con frecuencia y transitoriamente en la vida cotidiana de las personas. Son esas situaciones en que, desbordados por las circunstancias o alterados por el estrés, perdemos los nervios y reaccionamos a golpe de sentimiento ante la menor insinuación provocadora. Es cuando la emoción, siempre más rápida que la razón, nos hace comportarnos de modos que resultan inconvenientes y de los que más tarde tenemos que arrepentirnos, y pedir perdón, si es que somos capaces de hacerlo.

Ignacio Morgado Bernal, El talón de Aquiles de la razón, En las entrañas de la mente, blog Investigació y ciencia 05/09/2016