Les causes del frau en la investigació científica.


El tema en sí mismo no es nuevo. Durante décadas, han existido rumores sobre famosos científicos históricos como Newton, Kepler y Mendel. Se les acusaba de que su investigación era demasiado buena para ser cierta. Debían haber falsificado los datos, o al menos adornarlo un poco. Pero pese a todo Newton, Kepler y Mendel mantuvieron su sitio en el salón de la fama de la ciencia. La reacción habitual de quienes oían los rumores consistía en encogerse de hombros. ¿Qué más da? ¿Tenían razón, no?

Lo novedoso es que todo el mundo parece hacer esto hoy en día, pero no todos tienen razón siempre. De hecho, de acuerdo con Jon Ioannidis, ni siquiera tienen razón la mayor parte del tiempo.

John Ioannidis es el autor de un trabajo titulado Por qué la mayoría de los hallazgos publicados son falsos, que apareció en una revista médica en 2005. Hoy se describe este trabajo como “seminal” y “célebre”, pero al principio recibió poca atención fuera del campo de la medicina, e incluso los investigadores médicos no parecieron perder el sueño por él. 

Entonces la gente de mi propio campo, la psicología, empezó a airear dudas similares. En 2011, la revista Psychological science publicó un trabajo titulado Psicología de falsos positivos: Flexibilidad no revelada en la recolección y análisis de datos permite presentar cualquier cosa como significativa. En 2012, la misma revista publicó un trabajo sobre “la prevalencia de prácticas de investigación cuestionables”. En una encuesta anónima con más de 2000 psicólogos, el 53% admitió que no había logrado informar sobre todas las medidas dependientes del estudio, el 38% había decidido excluir datos tras calcular el efecto que tendrían en los resultados, y el 16% había dejado de recolectar datos antes de lo planeado porque ya habían logrado los resultados buscados. 

El golpe final se produjo en agosto de 2015. La noticia se publicó primero en la revista Science y se anunció rápidamente al mundo a través del New York Times, bajo un título que parecía una broma: Los psicólogos dan la bienvenida a análisis que ponen en duda su trabajo. El artículo mismo pintaba un cuadro más realista. “El campo de la psicología soportó un golpe dañino”, afirmaba al principio. “Un nuevo análisis descubrió que sólo el 36% de los hallazgos de casi 100 estudios en el top 3 de mejores revistas de psicología se sostenían al rehacerse correctamente los experimentos originales.” Como media, los efectos hallados en las replicaciones sólo alcanzaban la mitad de la magnitud de los que informaban las publicaciones originales.

¿Por qué han ido tan mal las cosas en la investigación médica y psicológica? ¿Y qué se puede hacer para remediarlas?

Creo que hay dos razones para el declive de la verdad y el auge de la vericidad (*) en la investigación científica. En primer lugar, la gente ya no hace investigación para divertirse, porque son curiosos. Se ha convertido en algo que la gente tiene que hacer, si quieren tener una carrera en el mundo académico. Les guste o no, sean buenos o no, deben producir trabajos cada pocos meses o sus carreras se irán al traste. Las recompensas por publicar han aumentado demasiado, en comparación a las recompensas por hacer otras cosas, como enseñar. La gente está haciendo investigación por las razones equivocadas: no para satisfacer su curiosidad sino para satisfacer sus ambiciones.

Hay demasiadas revistas publicando demasiados trabajos. La mayoría de los cuales son inútiles, aburridos o erróneos.

La solución es dejar de recompensar a la gente sobre la base de cuánto publican. Seguro que los comités universitarios de las grandes universidades pueden encontrar otros criterios en los que basar sus decisiones.

La segunda cosa que ha salido mal es la revisión de los trabajos de investigación. La mayoría de las revistas mandan a revisar los manuscritos recibidos. Los revisores son expertos no pagados del mismo campo, de los que se espera que lean el manuscrito cuidadosamente, que hagan juicios sobre la importancia de los resultados y la validez de los procedimientos, y que aparquen cualquier pensamiento sobre cómo podría afectar a sus propias perspectivas la publicación de ese trabajo. Es una tarea dura que se ha endurecido a lo largo de los años, a medida que la investigación se ha hecho más especializada y los datos de análisis más complejos. Propongo que esta tarea debería ser desempeñada por expertos pagados, especialistas acreditados en el análisis de investigación. Quizás esto podría proporcionar un sendero alternativo a la universidad para aquellas personas que no disfruten en particular de los entresijos de investigar pero a las que les encante rastrear fallos y virtudes en la investigación de otros. 

En la película de Woody Allen El dormilón, situada 200 años en el futuro, un científico explica que las personas solían pensar que el germen del trigo, los filetes, y los perritos calientes eran insalubres, “precisamente lo contrario de lo que sabemos que es cierto ahora.” Es una broma que casi da en el blanco. La mala ciencia da un mal nombre a la ciencia.

No importa mucho si el germen de trigo es mala o buena comida. Pero es de crucial importancia que la gente crea que la investigación científica es importante para asegurar el futuro del planeta y sus habitantes.

Judith Rich Harris, El declive de la verdad científica, cultura 3.0 03/01/2016

(*) En el original “Truthiness”, neologismo inventado por el periodista Stephen Colbert. Se trata de un tipo de “verdad” que una persona “afirma saber intuitivamente desde las tripas o porque siente que es cierto, pero sin referencia a pruebas, lógica o examen intelectual”.

Publicado en EDGE.

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